Visita al Museo Pilarista de Zaragoza - Enjoy Zaragoza
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Museo Pilarista, una visita a las entrañas de la Basílica del Pilar para descubrir sus joyas

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El Museo Pilarista se encuentra en el interior de la Basílica del Pilar, concretamente en unas salas que se concibieron originalmente para la oración

Este pequeño museo muestra los tesoros que ha ido generando el culto a la Virgen desde hace siglos, principalmente a raíz de donaciones de joyas

Texto de Armando Cerra – Imagen principal de Catedrales de Zaragoza

En Enjoy Zaragoza os hemos hablado largo y tendido de los distintos museos de Zaragoza. Por aquí han desfilado los museos de la ruta romana de Caesaraugusta, el Museo del Fuego o el del Origami situado en el siempre dinámico Centro de Historias. Seguro que vuelven a aparecer estos u otros museos como el dedicado a Goya o los de los escultores Pablo Gargallo y Pablo Serrano porque seguiremos informando puntualmente de sus novedades. Pero tal y como nos acercamos a las fechas de las Fiestas del Pilar, hoy os queremos invitar a descubrir el museo más adecuado para estas alturas del calendario. Sí, ya lo habéis adivinado. Nos referimos al Museo Pilarista.

Este pequeño museo se encuentra obviamente en el interior de la Basílica del Pilar, en concreto en unas salas que originalmente se concibieron para la oración de los fieles, pero ya hace muchos años que se adaptaron para mostrar los tesoros que ha ido generando el culto a la Virgen desde hace siglos, ya que gran parte de lo que allí se expone son donaciones de joyas.

La primera de esas donaciones es precisamente uno de los objetos más valiosos que podréis ver en el Museo Pilarista. Se trata de olifante de Gastón de Bearn, es decir, un cuerno de marfil que está finísimamente decorado con relieves de animales, tanto reales como fantásticos. Cuando lo veáis podéis buscar pavos, águilas o leones, pero también figuras de origen mitológico como basiliscos. Este cuerno pertenecería a ese conde francés que acudió a luchar junto a Alfonso el Batallador en la conquista de Zaragoza a los musulmanes. Y el hecho es que tanto él como su esposa quedaron encantados con la ciudad y con la iglesia de Santa María la Mayor de Zaragoza, el precedente del Pilar. Tanto que pidieron ser enterrados aquí a su muerte. Y aunque no se sabe si se llegó a cumplir su último deseo, al menos hoy en día se conserva este curioso objeto artístico en la iglesia que tanto adoraron.

Hay más joyas posteriores donadas por fieles durante entre los siglos XVI y XVIII. De algunas se conoce el donante y de otros se les ha podido perder la pista con el paso del tiempo. También hay piezas que han llegado hasta el actual Museo Pilarista por donaciones de la Casa Real a lo largo de la historia. E igualmente están expuestas las numerosas condecoraciones que ha recibido la Virgen del Pilar, como por ejemplo la Cruz de Palafox o la Cruz Laureda de San Fernando.

La colección es abundante, pero hay que decir que antaño hubo muchos más tesoros propiedad de la basílica. Por supuesto, algunos han desaparecido por robos y expolios, especialmente en el periodo de los Sitios. Pero además hay que tener en cuenta que tal cantidad de joyas y objetos litúrgicos han sido un recurso económico para el cabildo cuando ha necesitado dinero. Así que en ciertos momentos, tanto del siglo XIX como del XX, se sacaron a subasta muchos de estos valiosos objetos para recaudar fondos con los que acometer distintas obras en la basílica catedralicia.

Aún así, la colección sigue teniendo auténticas maravillas, tanto por su valor artístico como por su singular significado religioso. En esa línea hay que incluir dos objetos vinculados a los dos santos literatos más importantes de la historia española. Nos referimos al cáliz de San Juan de la Cruz y a la carta autógrafa de Santa Teresa de Jesús. Y también es sumamente interesante el llamado Libro de Horas de Santa Isabel de Portugal, un pequeño libro del siglo XVI encuadernado en plata dorada y repujada. Es algo tan diminuto como exquisito gracias a las miniaturas que hay en su interior para ilustrar a las oraciones que se recitaban de forma íntima en la época.

Todo esto se encuentra expuesto en las diversas vitrinas que conforman el Museo Pilarista, pero también hay que fijarse en los diferentes objetos que cuelgan en las paredes. Ahí están los bocetos de muchos de los frescos que luego se ven a gran tamaño y a todo color en las distintas capillas de la basílica. Es decir, hay un buen repertorio de los trabajos previos de los hermanos Bayeu o de Francisco Goya antes de acometer las célebres pinturas murales del Pilar.

Y no es lo único que se muestra relativo al proceso de construcción y ornamentación del gran templo zaragozano. También merece la pena fijarse en una maqueta hecha en madera a mediados del siglo XVIII por el arquitecto Ventura Rodríguez, el artífice de la Santa Capilla del Pilar, ese lugar que tantos y tantos visitantes va a recibir en los próximos días.

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