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El puente de Zaragoza que lleva casi 600 años aguantando al Ebro (y el secreto de sus leones)

Puente de Piedra de Zaragoza: seis siglos de historia sobre el Ebro

Lo cruzas para ir al Arrabal, le haces la foto del atardecer con el Pilar detrás y sigues con tu vida. Normal: el Puente de Piedra es tan de Zaragoza que ya casi ni lo miramos. Pero este veterano, el puente más antiguo que cruza el Ebro a su paso por la ciudad, guarda historias de las buenas: lo tumbó una riada, lo voló Napoleón, y sus famosos leones esconden un secreto que casi nadie conoce. Vamos allá.

 

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De Cesaraugusta a 1440: el decano de los puentes del Ebro

Aquí ha habido puente prácticamente desde que hay Zaragoza. Ya en el siglo I, en tiempos de en tiempos de Caesaraugusta — la misma ciudad que aún conserva sus murallas romanas a un paso del puente —,  hay constancia de una infraestructura de piedra o madera que daba acceso a una de las puertas principales de la ciudad y permitía cruzar a las poblaciones del noroeste de Hispania. Aquel paso, reparado una y mil veces por romanos, musulmanes y cristianos — las mismas culturas que dejaron su huella en el vecino Torreón de la Zuda —, era uno de los pocos puentes de todo el curso del Ebro: cruzar el río en condiciones era un privilegio, y ese privilegio estaba aquí.

El puente que vemos hoy empezó a construirse en 1401 y se inauguró en 1440: casi seis siglos en pie. Sus números siguen imponiendo: 225 metros de longitud y siete arcadas, una de ellas enterrada bajo el actual paseo de Echegaray. Es el decano indiscutible de los puentes de Zaragoza.

El puente que el Ebro no consiguió tumbar (y Napoleón casi)

Su vida no ha sido precisamente tranquila. La gran riada de 1643 destruyó dos de sus arcadas, la quinta y la sexta, y el desastre quedó inmortalizado en el cuadro «Vista de Zaragoza» que Martínez del Mazo pintó en 1647. La reconstrucción no concluyó hasta 1659, y para prevenir sustos futuros se levantó a finales del siglo XVIII el pretil de San Lázaro, el murallón que protege la margen izquierda de las crecidas.

El episodio más amargo llegó en 1813, tras los Sitios: las tropas napoleónicas, en su huida, hicieron saltar por los aires la arcada más cercana al Arrabal para dejar la ciudad incomunicada y evitar que las tropas aragonesas les persiguieran. Por eso, a mitad del puente, en uno de sus miradores, se alza la Cruz de Basilio en honor de los caídos durante los Sitios.

El secreto de los leones: los originales acabaron en una escombrera

Y llegamos al secreto prometido. Los leones del puente no son de 1991: son de 1659. Para conmemorar la reconstrucción tras la riada, el Concejo de Zaragoza encargó cuatro leones de piedra — el león es el emblema de la ciudad desde hace más de nueve siglos — que custodiaron las entradas del puente durante 250 años. Hasta que a principios del siglo XX, en una remodelación de las que hacen daño, se retiraron para ensanchar la calzada y los leones originales acabaron en una escombrera. Así, tal cual. La ciudad se quedó sin sus guardianes durante casi todo el siglo.

La reparación histórica llegó en 1991 de la mano del escultor Francisco Rallo Lahoz — el mismo del globo terráqueo de la Fuente de la Hispanidad y del caballito de la Lonja. Y no se limitó a copiar los antiguos: Rallo pasó dos años estudiando la anatomía de los leones en fotografías, documentales y hasta en el zoológico de Valencia, para crear cuatro leones despiertos, en guardia, protegiendo la ciudad: dos miran hacia la calle Don Jaime y dos hacia el Arrabal. La próxima vez que pases, fíjate bien: no están descansando. Están vigilando.

El mejor atardecer de Zaragoza

Rematamos con el plan: cruza el puente hasta el Balcón de San Lázaro, en la orilla del Arrabal, y espera a que caiga el sol. La estampa de las cúpulas de la Basílica del Pilar reflejadas en el Ebro con el puente en primer término es, sencillamente, la foto de Zaragoza. Gratis, a cinco minutos de la plaza del Pilar y con casi 600 años de historia bajo los pies. Pocos planes gratis en Zaragoza dan tanto por tan poco. Y si te quedas con ganas de más, sigue la ruta: la torre inclinada de San Juan de los Panetes y todo lo que ver en Zaragoza te esperan a un paso.

Descubre el Puente de Piedra, sus leones y el casco histórico con guía local

¿Y si en vez de hacer la foto duermes dentro de ella? Echa un vistazo a los hoteles de Zaragoza con vistas al Ebro: este atardecer desde la ventana no tiene precio.

Duerme con el atardecer del Puente de Piedra y el Pilar desde la ventana

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