Trasmoz, el único pueblo excomulgado de España - Enjoy Zaragoza
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Trasmoz: un pueblo único, insólito y excomulgado por la Iglesia Católica

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Sin miedo a equivocarnos podemos decir a día de hoy que Trasmoz es un pueblo único, literalmente único. Un caso insólito… ¿Por qué?

Es el único pueblo que está excomulgado por la Iglesia Católica. Y no solo eso, semejante situación se remonta más de siete siglos atrás. ¿Queréis conocer la razón? Pues hoy os la vamos a descubrir…

Texto: Armando Cerra – Imágenes de Turismo de Aragón

Cuando nos acercamos a Trasmoz lo primero que se ve desde la lejanía es el perfil de un castillo medio en ruinas. Son los vestigios de una fortaleza que se levantó en la Edad Media en esta población zaragozana. En concreto, ese castillo ya estaría allá por el siglo XIII, cuando el señor de Trasmoz tenía cierta independencia y no rendía tributos ni siquiera al cercano Monasterio de Veruela.

Fue entonces cuando se originó su excomunión. Según donde se busque la información fue por un conflicto con Veruela por los derechos de leña en los bosques próximos. Y según otras versiones, los vecinos de Trasmoz aprovecharían las minas de metal del entorno para acuñar moneda falsa en el castillo. De manera que para que nadie se inmiscuyera en los asuntos fraudulentos, trataron de alejar a visitas no deseadas haciendo correr el rumor de que ese era un lugar donde se reunían hechiceros y brujos para echar sus conjuros y maldiciones. Un rumor que llegaría a oídos de los monjes del monasterio, a los que por supuesto no haría ninguna gracia.

Por una razón u otra, el abad de Veruela no estaba nada contento con tener un pueblo que no se sometía ni a sus órdenes, ni aportaba recursos al monasterio. Así que convenció al obispo de Tarazona para que promoviera la excomunión y lo consiguió. Por eso Trasmoz es una localidad excomulgada desde el año 1255.

¿Qué significó eso? No demasiado, la verdad. Simplemente los pobladores ni podían confesarse ni recibir los santos sacramentos. Y teniendo en cuenta que por aquellos años en la población habría cristianos, pero también musulmanes y judíos, lo cierto es que la excomunión no les cambió demasiado sus vidas. Ellos siguieron con sus quehaceres y con su independencia respecto a Veruela.

De hecho, durante siglos prosiguieron las disputas con el monasterio, ya que los señores que vivían en el castillo de Trasmoz jamás renunciaron a su libertad de actos, a su exención de pagos y a sus derechos sobre tierras, pastos, leña o agua. Tanto fue así, que los derechos del agua de una acequia fueron el detonante para un nuevo conflicto con sus vecinos eclesiásticos.

Corría el año 1511 y abad de Veruela pretendía arrebatarles el agua a las gentes de Trasmoz. Motivo por el cual, el señor del castillo reclamó a las autoridades competentes y le dieron la razón. El enojo del monje debió ser de los que hacen época, ya que crónicas o leyendas cuentan que en plena noche y fuera de sí, el superior de la comunidad acudió a una capilla para cubrir de negro un crucifijo, para a continuación entonar un salmo bíblico donde Dios maldice a sus enemigos. Es decir, maldijo a Trasmoz, mientras hacía repicar las campanas para que todo el mundo lo supiera.

Por lo tanto, este pequeño pueblo en las faldas del Moncayo quedaba excomulgado y, además, maldito. Y el hecho es que poco después el castillo que hoy vemos fue pasto de las llamas y acabó abandonado durante muchísimo tiempo.

A todo ese tono de misterio y leyenda hay que sumarle su fama como lugar de aquelarres y encuentros brujeriles. Una fama que se ha mantenido durante siglos. Más aún cuando se hizo eco de ella el sevillano Gustavo Adolfo Bécquer que ambientó alguno de sus relatos en este lugar.

A día de hoy, descubrir ese ambiente de intrigas, secretos y magia se ha convertido en uno de los motivos para visitar Trasmoz. No el único, ya que también merece la pena darse un paseo por su castillo parcialmente recuperado para disfrutar de una amplia panorámica de los alrededores. Al igual que es imprescindible conocer los productos artesanales que se elaboran en la localidad, como sus quesos, el aceite o la miel.

Sin embargo, es evidente que cuando se nombra a Trasmoz, inmediatamente nos vienen a la cabeza escenas de magia y brujería. Son el emblema de la población. Tanto que ahí se celebra anualmente una feria en su recuerdo o existe en el propio castillo un museo dedicado a estos personajes a medio camino de la historia y la leyenda.

Acercaros hasta allí y os sorprenderéis con lo que hay de verdad detrás de tanta leyenda. Merece la pena. Además estaréis en un pueblo único. Tal y como decíamos al principio, el único del mundo que está excomulgado. Una situación que solo puede cambiarla una persona, el mismísimo Papa de Roma. Aunque quizás en esta ocasión, antes debería preguntarles a los vecinos de Trasmoz. ¿No creéis?

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