Visitamos la Basílica del Pilar por dentro - Enjoy Zaragoza
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Visitamos la Basílica del Pilar por dentro

Después de dar una vuelta completa alrededor de la Basílica del Pilar, vamos a adentrarnos en su interior. Seguro que lo habéis hecho innumerables veces y todas las sensaciones que vamos a contar os suenan. Pero esperamos contaros alguna cosa nueva o al menos invitaros a entrar una vez más a esta maravillosa y descomunal obra de arte que es el templo.

Texto: Armando Cerra

Si desde la plaza, cualquiera se siente pequeño en comparación con las dimensiones del lugar, esa misma idea se percibe al atravesar cualquiera de las puertas. Pero ahora se suma un efecto de admiración. Lo que se ve no solo está a una escala mayor de la habitual, sino que rápidamente se advierte que es un lugar tan valioso como solemne, más allá de las creencias de cada cual.

En definitiva que vamos a dar una vuelta por el interior del templo, iniciando nuestra visita al entrar por la conocida como Puerta Alta, es decir, la que da a la plaza y está más próxima a la Fuente de la Hispanidad.

Sin duda es una forma muy espectacular de entrar, ya que tras franquear la puerta y dejar la zona de baptisterio a nuestra izquierda, hay que girar para pasar junto a las capillas de San Braulio primero, y de San Antonio de Padua después, donde por cierto hay pinturas de José Luzán, maestro de Goya, de quien por supuesto os hablaremos en breve.

El caso es que sin darnos cuenta ya hemos llegado frente a una de las maravillas del Pilar. El bellísimo Retablo Mayor que labró en alabastro el escultor Damián Forment a comienzos del siglo XVI. Un retablo magnífico del que este gran escultor de origen valenciano estaba tan orgulloso que hasta se retrató a sí mismo y a su esposa entre los cientos de figuras que esculpió para contar la vida de Virgen y de su Hijo.

Verlo de lejos es una auténtica delicia, pero si no hay ceremonia religiosa, acercaros un poquito a este retablo porque uno se puede pasar horas admirando su extraordinaria calidad. Y además al daros la vuelta tendréis la recompensa de ver la Coro del Pilar en el otro extremo. El rincón donde se ha generado y genera música sacra desde hace siglos. Ojalá suene durante vuestro paseo, porque es la banda sonora perfecta para este recorrido.

Salimos del centro de la basílica y nos vamos hacia la nave del lado de la ribera. Aunque no siempre se puede atravesar de seguido, nosotros vamos a hacerlo simuladamente para no tener que salir del templo. Os aguardan ahí las capillas de San Pedro Arbués, la de San Lorenzo y la entrada al Museo Pilarista, del que posiblemente os hablemos un día más extensamente.

Y la siguiente capilla es la de San Joaquín, la cual puede tener su interés. Pero poco el mundo la mira desde la nave, entre otras cosas porque bajo nuestras cabezas está una de las mejores pinturas religiosas de Goya. Ni más ni menos que la escena del Regina Martiryum que pintó en 1781, cuando su estilo era tremendamente innovador. Algo casi del futuro. Por eso, aunque estaba previsto que decorara alguna otra de las cúpulas que rodean la Santa Capilla, se vio obligado a dejar el trabajo y lo concluyeron sus cuñados Bayeu.

O sea que toda esta parte del templo se puede hacer mirando hacia arriba, viendo estupendos frescos del siglo XVIII, aunque también que echarle un ojo a las capillas que van saliendo a nuestro paso como la de Santiago o de San Juan, y entre medias el Coreto, donde vuelve aparecer en sus techos el arte de un jovencísimo Francisco de Goya que en 1772 pintó aquí un fresco titulado Adoración del Nombre de Dios.

Precisamente enfrente de ese Coreto se encuentra el punto más devocional de toda la Basílica: la Santa Capilla. El lugar donde se le ponen los mantos a la Virgen, donde se bendicen las cintas o por donde se pasa a los niños. Todo eso lo sabéis, seguro. Pero quizás no sepáis que esta parte del interior, es como una pequeña iglesia dentro de otra. Una maravilla arquitectónica que diseñó uno de los arquitectos más eminentes del siglo XVII: Ventura Rodríguez. Observad esta Santa Capilla con calma y desde diversos puntos de vista, porque os va a parecer como una parte viva y cambiante.

No tengáis prisa en iros, porque todavía os quedan por ver las cúpulas pintadas al fresco de este lado ya vecino a la plaza. Además de que aquí están las capillas de San José y de Santa Ana que merecen una ojeada, sobre todo esta última donde hay obra de un escultor aragonés muy reconocible: Ponciano Ponzano, cuyas creaciones más famosas hemos visto todos millones de veces, ya que se trata de los leones del Parlamento en la madrileña Carrera de San Jerónimo.

Y ahora sí, ya podéis salir de la Basílica por la Puerta Baja o por la misma que habéis entrado. O si lo deseáis también podéis volver a empezar y descubrir los mil y un detalles que os han pasado desapercibidos. Porque no se puede dudar que desde un punto de vista artístico el Pilar es un monumento inagotable.

Fotografías: catedraldezaragoza.es

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