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¿Por qué el Paseo Independencia nunca llegó a la Plaza del Pilar?

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La contestación a dicha pregunta vista desde un sesgo contemporáneo parece obvia; porque existe un casco antiguo romano que debemos respetar, porque además existen varios monumentos aragoneses procedentes de diferentes épocas y estilos artísticos como la iglesia de la Santa Cruz, la iglesia de san Gil o el palacio Camón Aznar entre otros, que deberían ser demolidos o, sencillamente, porque a nivel administrativo, la expropiación de cada uno de esos inmuebles a la multitud de zaragozanos que vivían en esta zona habría sido una decisión tan costosa y anti popular, que a ningún partido político de la actualidad le habría gustado tomar.

Lo cierto es que, esta posibilidad de unir el Paseo Independencia con la Plaza del Pilar estuvo muy presente para los principales arquitectos de la ciudad durante buena parte del siglo XIX y XX. Cinco veces fueron las que el urbanismo de los “grandes ejes” y las visuales cartesianas procedente de la planificación de Haussmann en Paris, que ya había calado en buena parte del mundo de la arquitectura en diferentes formas y tamaños, consiguió seducir a la punta de lanza de los arquitectos españoles de la época que vieron, en el milenario casco histórico de Zaragoza, un buen tablero donde aplicar dichas tendencias.

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Nos encontramos en la Zaragoza positivista cuya industria y población crece de forma exponencial, es por ello que la ciudad comienza con la transformación de sus calles intentando dejar atrás a aquella ciudad antigua y  desarrollándose la nueva “ciudad moderna” que pudiera competir en el mundo global que se avecinaba.

1º El primer intento para conseguir la unión de la Plaza del Pilar y la Seo con el resto de la ciudad fue en 1861. Una propuesta presentada por el arquitecto José Yarza y denominada ‘Plano Geométrico’. En ella se fijaban cuatro ejes de comunicación para el centro histórico, dos de dirección norte-sur y otros dos de dirección este-oeste. Uno de los ejes norte-sur era la prolongación del Paseo de Independencia hasta su unión con el Pilar y la Seo. Esta reforma fue desechada por cuestiones económicas, aunque quedó latente su idea en los distintos planes que se desarrollaron en los siguientes cien años.

   Plano geométrico por José Yarza, 1861

2º En 1909 Antonio Fleta (alcalde de Zaragoza) convoca un concurso público para la presentación de proyectos y ejecución de obras para la apertura de una calle que, partiendo del Coso, tenga por eje la prolongación del Paseo de la Independencia y termine en el Pilar. Finalmente, transcurrido el plazo de presentación y, ante la ausencia de propuestas, el concurso fue declarado desierto.

3º Más adelante, en 1930, el arquitecto madrileño Secundino Zuazo insta al Ayuntamiento por una autorización para formular y tramitar a su costa la reforma urbana ya mencionada. El proyecto propone el trazado de la Avenida 12 de Octubre, con una longitud de 565 metros, prolongándose desde el Paseo de la Independencia hasta el paso del Ebro, con una anchura de veinticinco metros y produciéndose un desvío del eje. Dicho plan fue interrumpido y cancelado por la guerra civil.

 Avenida 12 de Octubre por Secundino Zuazo, 1930

4º En 1939 surgió el Plan de Reforma Interior, por Regino Borobio y José Beltrán. En cambio, no será hasta la elaboración del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de 1943, redactado por Yarza, cuando se discute el dilema entre mantener la trama de la ciudad antigua o realizar la prolongación del paseo.

Plan de Reforma Interior por Borobio y Beltrán, 1939

5º En los siguientes años se realizaron numerosos planes y modificaciones que concluyeron en cierta indecisión municipal. Fue esta razón la que obligó, en 1969, a convocar un ‘Concurso de Ideas’ para la remodelación urbanística del Centro Antiguo de Zaragoza. Se presentaron diecisiete trabajos, que fueron catalogados en tres grupos, según los criterios básicos con que se desarrollaban.

 Algunas propuestas previas al Concurso de Ideas por Luis Burillo, 1967

El primero se basaba en las soluciones que propugnaban la prolongación del Paseo de la Independencia. El jurado consideró que eran ideas equivocadas, por la pérdida absoluta de entidad del casco antiguo.

El grupo segundo abarcaba soluciones de carácter conservador sobre el tejido urbano de la ciudad.

El tercer y último grupo incluía las ideas fundamentadas de la demolición total o casi total de la zona del casco y la consecuente creación de nuevos tejidos y estructuras urbanas. El jurado especificó que, aunque alguna de las ideas pudieran resultar de indudable interés, la principal dificultad de ellas consistía en la unión entre lo nuevo y lo viejo.

La propuesta ganadora respondía al lema “4193484”, del arquitecto urbanista F. F. Longoria Pinazo. El segundo premio se le otorgó a Rafael Moneo y Manuel Solà-Morales, son su propuesta “Coso 2”. El tercero, “Lucía”, cuyos autores eran los doctores arquitectos Balbín Behrmann y Juan López Jaén.

Propuesta ganadora ‘4193484’

Tercer premio ‘Lucía’

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Otras propuestas no ganadoras

El jurado considera que en las ideas contenidas en los tres primeros premios existe base suficiente para que, con una adecuada combinación de estas aportaciones, se puedan configurar las ideas básicas, así como las directrices de remodelación de la totalidad del casco antiguo de la ciudad. Se menciona también una reflexión de las consecuencias de este concurso, precisamente dejando firmemente sentada la conclusión de que no deben contemplarse en el futuro urbanístico de esta zona soluciones que se basen en prolongar el Paseo de la Independencia.

En el fallo del jurado se añade un informe y opinión por parte de Antonio Beltrán Martínez, quien estima que el concurso debe declararse desierto. Se basa en la proposición de mantener el casco antiguo como está, protegido por una ordenanza semejante a la del Barrio de la Seo, que conserve el ambiente general de la ciudad histórica de Zaragoza.

Tras denegar definitivamente la proposición de la prolongación del paseo, en 1970, se creó un proyecto de Plan Especial del Sector denominado “Antigua Ciudad Romana”, es decir, el comprendido entre el Paseo de Echegaray y Caballero, el Coso y la Plaza de España.

Vemos como, durante todos estos acontecimientos urbanísticos, se insistió claramente en el deseo de llevar a cabo la prolongación del Paseo de la Independencia por la “belleza” de la ciudad, para sanear una zona insalubre del centro mediante el vaciado y expropiación de algunos edificios y solares.

Muchos de estos vacíos, como los existentes en la actual plaza de Santa Cruz lo estuvieron así hasta la década de 1980 habiendo dejado atrás, más de un siglo de intenciones y vacíos urbanos que desactivaron el casco progresivamente. Paradójicamente, su vacío más representativo, el anexo a la plaza del pilar y delimitado por la oficina de turismo, el pasaje “el ciclón” y la delegación del gobierno de Aragón, es un espacio habitado ya inseparable de la ciudad. Sin embargo, sus porches emulando a los ya existentes en paseo de la independencia ahí permanecen, para recordarnos que hubo un tiempo en el que mediante cinco intentos abandonamos el centro histórico de Zaragoza como conjunto histórico y patrimonio de nuestra ciudad.

Autor Alejandro Lezcano (CRONOTOPOS ARQUITECTURA)

Colaborador : Alba Aparicio (CRONOTOPOS ARQUITECTURA)

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Tags : ARQUITECTURACURIOSIDADES DE ZARAGOZAPASEO INDEPENDENCIAPLAZA DEL PILARzaragoza

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