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El Palacio de la Aljafería, una joya de ayer, hoy y mañana

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La Aljafería es una de las grandes sorpresas que se llevan los visitantes de Zaragoza

Texto: Armando Cerra – Fotos: Turismo de Aragón

Para la gente de fuera, los atractivos más renombrados suelen ser el Pilar, la figura de Goya y el río Ebro. Incluso el exquisito ternasco de Aragón es algo que llevan apuntado muchos turistas entre las cosas a descubrir. Por supuesto nada de eso les defrauda, pero además se asombran con otras cosas que no se esperaban, y una de ellas es el Palacio de la Aljafería.

El castillo de los sultanes de la vieja Sarakusta musulmana es una de las joyas del patrimonio de Zaragoza. Y también del patrimonio histórico y artístico español. Es una construcción única tan al norte de la cuenca mediterránea, y además su estado de conservación actual es maravilloso. Y eso que su historia ya es muy larga, de hecho va camino de ser milenaria.

Foto: Turismo de Aragón

E incluso alguna de sus partes todavía es más antigua. Nos referimos a la Torre del Trovador, el torreón cuadrangular que destaca en el conjunto y que es lo más viejo del monumento. Tanto que los estudiosos no se ponen de acuerdo a la hora de dar una fecha concreta. Los hay que piensan que se levantó a finales del siglo IX, mientras que otros hablan de mitad del siglo X.

En lo que sí parece haber un consenso es en que la Torre del Trovador de la Aljafería debe su nombre a una conocida obra poética de 1836, la cual a su vez está en la misma base de un libreto operístico de fama mundial: Il Trovatore de Giuseppe Verdi. Ese es un primer dato que sorprende a todo aquel que descubre el monumento. Y no es más que el comienzo de la historia.

Luego se construiría el palacio en sí. Fue en la segunda mitad del siglo XI, cuando la ciudad era capital de un reino de taifa independiente dentro del conglomerado de reinos de credo musulmán que había por gran parte de la Península Ibérica. Y en el caso de Zaragoza estaba gobernada por la dinastía Hudi. Un miembro de esta estirpe, el sultán Abu Yafar al-Muqtadir, fue quien ordenó la construcción de la “al-yafariyya”, que evolucionó a nuestra Aljafería.

Foto: Turismo de Aragón

Su propósito era muy ambicioso, ya que no reparó en gastos y no dudó en recurrir a los grandes artistas de su tiempo para concebir la Aljafería. Una obra que al acabarse empezó a ser conocida como el “Palacio de la Alegría”, dada la belleza de sus detalles arquitectónicos, de sus jardines y de sus juegos a base de fuentes y estanques. Un lugar que según las crónicas dejaba boquiabiertos a todos aquellos embajadores y gobernantes foráneos que lo visitaban.

Ese era su objetivo, y lo conseguía. Por eso, los posteriores sultanes lo continuaron usando como residencia y como ambiente perfecto para los actos protocolarios. Hay que imaginarse la escena cuando acudían súbditos o emisarios de otros reinos, especialmente venidos de las montañas, donde los lujos y las riquezas eran escasos. ¡Quedarían impactados! Imaginad cuando entraban a lo que actualmente es el Patio de Santa Isabel y contemplaban esos arcos mixtilíneos, los jardines centrales o los delicados estucos que decoraban las paredes.  Y eso que nosotros solo vemos parte de lo que fue, ya que en su época de esplendor luciría mucha más ornamentación con alfombras, tapices, mobiliario… Digno de inspiración literaria como el famoso Salón Dorado.

Foto: Turismo de Aragón

No es raro que una vez que Zaragoza pasó a manos cristianas, también los nuevos reyes ocuparan la Aljafería e hicieran sus propias reformas y ampliaciones. Por ejemplo Pedro IV el Ceremonioso de quien se conservan todavía los restos del palacio interno que hizo edificar. O por supuesto los Reyes Católicos que establecieron aquí una de las bases de su corona y para ello se creó el espectacular Salón del Trono que a día de hoy es una de las zonas más vistosas de todo el itinerario por la Aljafería.

No obstante, poco a poco dejó de ser palacio residencial y sede de gobierno, para convertirse en un espacio militar. De ahí esa denominación doble de palacio y castillo. En especial tras el reinado de Felipe II. Y es que el que fuera biznieto de los Reyes Católicos siempre tuvo más tendencia a su raíz castellana que a la aragonesa. No hay más que recordar su episodio con el Justicia de Aragón. Y por ello siempre intentó asentar su poder a partir del establecimiento de tropas. De ahí que hiciera construir la muralla que hoy rodea la Aljafería, a la cual convirtió en la práctica en un cuartel.

Eso no fue más que el comienzo de transformaciones sucesivas adaptándose a nuevos usos. Así que se derruían partes palaciegas a favor de construir nuevos barracones o establos para el ejército. O se convirtió en presidio. E incluso fue sede del Tribunal de la Inquisición. Por no hablar de los daños que sufrió en los Sitios y posteriormente, cuando lo ocupó el ejército francés y lo convirtió en su centro militar.

Foto: Turismo de Aragón

Para entonces y en las décadas posteriores, el castillo nada tenía que ver con el viejo “Palacio de la Alegría”. Pero por fortuna, bien avanzado el pasado siglo se empezó un proceso de reconstrucción y rehabilitación. Eso ya empezó en los años de la Dictadura, pero fue con la Democracia cuando todo se planteó con un criterio de futuro.

La idea era usar la Aljafería como sede del Parlamento de Aragón, para lo cual había que modernizar una amplia zona del inmueble, mientras que los espacios de mayor valor histórico y artístico debían restaurarse para que fueran visitables. 

Y así ha llegado al día de hoy, cuando el Palacio de la Aljafería es una de las joyas de nuestro patrimonio. Un monumento que siempre impresiona, a los que nos visitan y también a los locales, porque aunque se haya visitado, cuando uno vuelve, se queda encantado una vez más con lo que ve. Por eso desde aquí os animamos a todos a visitarla. Bien sea la primera vez o a regreséis, os maravillará.

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