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Imaginad el Ebro navegable en Zaragoza: El Museo del Puerto Fluvial de Caesaragusta

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Zaragoza siempre ha sido una encrucijada de caminos. De hecho, la ciudad nació con esa vocación y fueron los romanos quienes apreciaron desde un primer instante el estratégico emplazamiento que tenía el solar donde iban a levantar Caesaraugusta.

Y en ese aspecto el Ebro, el Hiberus Flumen que dirían los latinos, era un factor determinante.

Texto: Armando Cerra – Fotos: Ayuntamiento de Zaragoza

Por aquel entonces, el Ebro era un río sin embalses  que regulara su caudal, y dado su volumen y las dimensiones de su cauce se convirtió en un río navegable, ni más ni menos que desde Logroño, cuyo nombre en latín en Vareia, hasta Dertosa, es decir, Tortosa, donde confluían los barcos fluviales con los que emprendían travesías por el Mediterráneo.

Pues bien, en esa vía de comunicación, Caesaragusta se convirtió en un escala clave, y para ello se construyó un puerto fluvial. Una infraestructura vital para el crecimiento de la colonia y cuyos restos hoy en día son visitable en el Museo del Puerto Fluvial, cuya entrada se encuentra en la Plaza San Bruno.

Este museo zaragozano se integra en la Ruta de Museos de Caesaragusta, integrado por el de la Termas, el del Teatro y el del Foro. Precisamente con este último está íntimamente emparentado, ya que el puerto de Ebro era una extensión del propio foro, el lugar más animado, comercial y dinámico de la colonia.

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La visita es literalmente una inmersión en las ruinas de lo más antiguo de Zaragoza, ya que los restos que se muestras se remontan a la misma fundación de la ciudad en tiempos del emperador Augusto. Se descubren vestigios de lo que fueron los almacenes para las mercancías que viajaban por el río o se ve la espectacular escalinata que unía la zona portuaria con el foro. Todo ello mucho más comprensible gracias a la exposición de maquetas y de la proyección de un audiovisual que narra la importancia del transporte fluvial.

Hoy en día, en Zaragoza presumimos de ser uno de los centros logísticos más importantes del sur de Europa. Pues bien, ya era así en tiempos de los romanos. A través del puerto fluvial de Caesaraugusta se transportaban todo tipo de productos, desde madera, trigo o lana hasta cerámica o mármol. Quedando así unidos productos y comerciantes del interior de España con cualquier otra parte del Imperio Romano.

Y todo ello se transportaba en unos barcos creados para las características del río Ebro. Es decir. Eran barcos de casco plano y ligeros. El descenso con esas naves era relativamente sencillo aprovechando la fuerza de la corriente y un hábil manejo del timón. Mientras que remontar el río no era tan fácil. Si aparecían vientos favorables, se tendían las velas que ayudaran a la navegación. Pero cuando no era así, había que recurrir a la fuerza de los remeros. E incluso en ciertos tramos la tripulación tenía que bajar a la orilla, y mediante sogas, tirar a mano del barco para continuar el viaje.

Por otra parte, aunque el puerto fluvial de Caesaraugusta tenía una importancia especial, la verdad es que había otros pequeños embarcaderos en otras muchas poblaciones del cauce. Así que no era extraño hacer escala para descargar o cargar diversos productos.

El Museo del Puerto Fluvial de Caesaraugusta nos cuenta eso y mucho más. Por ejemplo, nos habla de las materias primas que se transportaban, pero también de otros productos perecederos que llegaban hasta aquí gracias al rio. Algunos quizás sean imaginables, como que se importaban salazones, el mejor modo de conservar el pescado en aquellos años. Pero también se descubre que se traían muchas ánforas llenas de vino, un vino elaborado en Tarragona. Lo cual no deja de sorprender teniendo en cuenta la zonas vinícolas con las que cuenta Aragón, cuatro de ellas de gran calidad tal y como acreditan sus respectivas etiquetas de Denominación de Origen Protegida.

Igualmente en el Museo del Puerto Fluvial se puede ver que el tema de las crecidas del río también era un problema habitual en esas épocas. De hecho eso ha sido una constante a lo largo de toda historia, tal y como su muestra el interesante “Ebrómetro” incluido en la exposición.

No obstante, quizás lo más interesante de este museo sea dejarse llevar por la imaginación y especular sobre cómo era la vida de los primeros habitantes de Zaragoza. Para ello, recomendamos visitar todos los museos de la Ruta Caesaraugusta (hay un ticket combinado) y así comprender como fueron los orígenes de nuestra ciudad, e incluso como evolucionó. Porque hay que saber que en el caso del puerto fluvial no solo lo usaron los romanos. Siguió en activo posteriormente, ya que no se abandonó hasta mediados del siglo VI.

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Luego esta zona de la ciudad y las orillas del río fueron cambiando su aspecto. Tanto es así que los restos del puerto fueron enterrados por el paso de los siglos. Ahí estaban, en el subsuelo, hasta que comenzaron a realizarse excavaciones arqueológicas en la plaza San Bruno entre los años 1989 y 1991. Fue entonces cuando aparecieron los vestigios que hoy se visitan y se decidió conservarlos como parte de los sótanos de un edificio de viviendas de titularidad municipal. Si bien inicialmente eran visibles solo a través  de unos ventanales realizados ex profeso. Pero dado el interés que despertaban, se acabó por crear este museo, inaugurado en el año 2000. Desde entonces es una visita habitual para colegios y turistas, y desde luego invitamos a todo aquel zaragozano que aún no lo haya visto.

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