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El Mercado Central, sus diferentes vidas e intentos de derribo

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A comienzos del siglo XX se inician en Zaragoza las obras de construcción del nuevo mercado municipal que sustituirá al hasta entonces mercado al aire libre provisto de garitas y puestos con sus correspondientes toldillos. En este artículo conoceremos como, durante su centenaria vida, el edificio ha sobrellevado tanto buenos como malos episodios que harán peligrar incluso su existencia. ¿Quieres saber cómo ha llegado a ser el nuevo mercado que hoy conocemos?

Reconstrucción del plano de la plaza del Mercado, en 1460

Si nos adentramos en la historia de Zaragoza para conocer la trayectoria que siguió el mercado desde sus comienzos, hemos de mirar hacia la Puerta Cinegia, vieja puerta de las murallas cesaraugustanas donde se situaba antiguamente la actividad del mercado. Este asentamiento mercantil perdura hasta 1210, fecha en la que Pedro II propone su traslado a la Puerta de Toledo (ubicación actual del Mercado).

Plaza del mercado, 1870

A principios del siglo XX se propone la construcción de un nuevo mercado municipal, amplio y bien acondicionado. Fue en 1901 cuando, la ‘Sociedad Anónima Nuevo Mercado’ de Zaragoza inicia los trámites para edificar el moderno Mercado Central en la actual plaza de Lanuza, proyecto encargado al arquitecto Félix Navarro. El terreno que delimitaba la plaza del mercado era mucho más estrecho de lo que en la actualidad es, por ello en el proceso de reforma fue necesaria la expropiación de las casas que contaban con puestos en sus plantas calle. De esta manera, se procede al total derribo de la manzana que dibujaba a cada uno de sus lados, las antiguas calles Juan Jiménez Cerdán y la de las Escuelas Pías.

Vista en escorzo Mercado de Lanuza, 1903

En 1903, el Nuevo Mercado se convierte en el centro de la plaza de Lanuza, dejando a los lados dos calles laterales de más de once metros de anchura. Hoy en día, se trata de uno de los ejemplares más bellos de la arquitectura modernista. Su estructura está ideada sobre el sistema de entramado metálico, al igual que la mayoría de las construcciones del momento, como podría ser la Torre Eiffel de París. Aunque no es el Mercado de Lanuza el iniciador del modernismo en la ciudad, se trata efectivamente en un portentoso ejemplo. El edificio se compone como un gran rectángulo de 3.300 metros cuadrados utilizado tanto en planta calle como en semisótano, rodeado por una tapia de saneamientos que protege al sótano de la insalubre humedad del terreno exterior. La materialidad que adquieren las fachadas y portadas laterales le dan al edificio un carácter robusto. Si bien es verdad, que la decoración que se propone aligera el peso de la fachada, además de hacer referencia a la función del Mercado.

Durante su vida, el Mercado ha sufrido algunos intentos de derribo. En torno a 1969, con la latente necesitad de reforma interior, se baraja la posibilidad de abatir el Mercado sin tener en cuenta su papel como testigo de la arquitectura pública, que dejó un hito importante en la historia de la arquitectura con las nuevas ‘estructuras en hierro’. Este hecho se produjo a causa de la aparición de un proyecto para la realización de un aparcamiento y una galería comercial sobre él, de esta manera se procedería a prolongar la entonces denominada Vía Imperial (actual Avda. César Augusto) hasta el río. Afortunadamente, se consiguió salvar gracias a la insistencia de las máximas autoridades de la ciudad.

Interior Mercado de Lanuza, 1903

En cambio, existieron dos episodios en los que el edificio cobró la importancia que merece. En 1982 no solo se produjo la reforma y remodelación del edificio, sino que fue declarado Monumento Nacional, figurando dentro del Plan Especial del Casco Histórico. Finalmente, es en 1978 cuando el edificio logra proclamarse como BIC (Bien de Interés Cultural), momento en el que ya no se teme por los anteriores impulsos de derribo.

En 2008, se diseñó el tratamiento interior de los puestos y cubrición de los pasillos entre ellos. Esta reforma cumplió con su objetivo de aclimatar el espacio y hacerlo más confortable para el público. También es cierto que, de alguna manera, ocultó el interior del Mercado tanto desde el exterior, instalando unos materiales en fachada que amarillearon con el tiempo, como desde el interior, colocando los arcos que cerraban la vista hacia la parte superior del espacio.

Mercado provisional calle Murallas Romanas
Estado durante obras del Mercado Central, 2018

En el año 2018. El Ayuntamiento de Zaragoza aprueba el proyecto de reforma y estima inicialmente unos 15 millones de euros para llevarla a cabo. En 2020 El nuevo Mercado Central se abre a la ciudad, ya que desde el exterior más que nunca, se observa lo que ocurre dentro de él. Además de disponer de 1.140 metros cuadrados reservados para los puestos, el edificio cuenta con otros 1.718 m2 libres para uso público. El diseño del mercado genero controversia en un inicio por las desventajas que este tenía frente a otras propuestas que apostaban por ubicar una segunda planta en el mismo entre otras diferencias.

Lo cierto es que no hay vida, ni ciudad, sin mercado. Es por ello que hoy en día la ciudad entera disfruta del Mercado Central de Zaragoza que funciona más que nunca y se muestra orgullosa de poder realzar su imagen como nunca antes había podido.

Autor: Alejandro Lezcano (CRONOTOPOS ARQUITECTURA)

Colaborador: Alba Aparicio (CRONOTOPOS ARQUITECTURA)

Imagen nuevo Mercado Central

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