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Muy pronto llegarán las grullas a la Laguna de Gallocanta, uno de los momentos más espectaculares del año en Aragón

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Texto y fotografías: Armando Cerra

Pronto llegarán las grullas a la laguna de Gallocanta. Es imposible acertar con las fechas exactas, y menos aún con este clima tan raro. Porque a estas alturas de octubre debería hacer más frío, siempre lo ha hecho. Y es precisamente con la bajada del mercurio cuando aterrizan estas alucinantes aves migratorias en las aguas de Gallocanta. Sin embargo, todavía están muy altas las temperaturas. Aquí y en el norte de Europa, donde han pasado el verano. De modo que como decíamos al principio, no sabemos cuándo, pero pronto llegarán miles y miles de grullas a la laguna.

Situada en el altiplano entre las provincias de Zaragoza y Teruel, la laguna de Gallocanta es un gran humedal salino, una joya ecológica muy valiosa a nivel europeo. De hecho cuenta con la figura de protección de Reserva Natural, de la que ya os hemos hablado en algún post anterior.

Su superficie de agua varía según las lluvias obviamente, e incluso ha habido periodos en los que se ha llegado a secar por completo, porque aunque es amplia, no es demasiado honda. Lo cual supone unas condiciones perfectas para las grullas y otras aves zancudas, que usan el agua como refugio. Pueden estar de pie tranquilamente y a salvo de sus depredadores, por ejemplo los zorros.

En realidad, hay todo un sistema de fauna en torno a estas aguas salinas. No solo hay grullas o zorros, hay muchas otras especies de animales y también de flora. Para conocerlos con más profundidad lo mejor es dirigirse a cualquiera de los dos centros de interpretación de la Laguna de Gallocanta, el más antiguo ubicado entre las localidades de Bello y Tornos, y otro más moderno se halla a las afueras del propio pueblo de Gallocanta.

Ahí se descubre que las grullas se llaman grus grus, y que hasta aquí llegan volando desde la lejana Escandinavia y desde las frías orillas del mar Báltico. Una larga travesía que hacen con un orden casi militar, haciendo sus típicas formaciones en forma de flecha ,los escuadrones en forma de V que veremos atravesar nuestros cielos en los próximos días.

Formando grupos de centenares, hasta sumar una cantidad enorme de grullas en la laguna. Se han llegado a contar hasta 100.000. Casi todas ellas paran aquí para descansar unos días, y alimentarse a base de semillas, brotes, gusanos o pequeños reptiles capturados en los campos del entorno. En realidad buscan desenfrenadamente alimento para recuperar fuerzas y seguir rumbo al sur, en su gran mayoría hacia Extremadura, donde muchas pasarán los fríos del invierno. Y en cuanto se acerque la primavera, harán el mismo camino de vuelta, con una nueva parada en Gallocanta y de ahí al norte de Europa, donde una vegetación más espesa les permite criar con más tranquilidad a sus pollos.

De manera que aunque un pequeño porcentaje puede que pase el invierno en Gallocanta, la gran mayoría solo hacen una escala, por lo que hay que estar atentos para poder verlas. Y sobre todo escucharlas. Es todo un show vivir en directo su estruendosa algarabía, especialmente en los dos momentos álgidos del día.  Al atardecer y a media mañana.

Cuando cae la tarde es cuando “entran” las aves en la laguna. Algunas completamente agotadas de un largo viaje desde el norte. Estas literalmente se dejan caer sobre el agua. Ponen sus alas como si fueran un paracaídas y descienden hasta su merecido y húmedo descanso. Otra en cambio han pasado el día por aquí alimentándose por el entorno. Y estas ofrecen bellos vuelos rasantes sobre las aguas y el cielo del ocaso. ¡Fotogenia pura!

Y si eso pasa por la tarde, a media mañana, conforme se va calentando la atmósfera y ellas descubren las corrientes favorables vuelven a protagonizar un espectáculo impactante. Poco a poco conforme se calienta el ambiente, comienzan a chillarse unas a otras, a reunirse en bandadas. Se avisan que van a levantar el vuelo en breve. Y cuando sienten que es el momento, comienzan a ascender formando una espiral. Aunque lo hacen de forma algo caótica, de manera que no paran de gritarse para que ninguna se despiste.

El sonido es inconfundible. Se llama trompeteo. Solo deja de oírse cuando el grupo ya está a suficiente altura, cuando ya se ha “montado” en la corriente de aire caliente, que se convierte en una invisible autopista que les va a llevar hacia el sur. Pero ese silencio es momentáneo, ya que durante una hora o como sumo dos, esa misma maniobra la hacen distintas bandadas. Sin duda, un espectáculo maravilloso que nos ofrece la naturaleza.

Os animamos a verlo y oírlo este otoño. Hay visitas guiadas por parte del personal de los centros de interpretación. Ellos os acercarán a los mejores puntos de avistamiento y os contarán numerosas anécdotas y datos sobre esta señorial ave.

Y quien lo desee también puede acudir por libre. Eso sí, que respete escrupulosamente las señales de los recorridos, y no se adentre en los espacios más delicados. No solo puede ser multado por ello, además le hará un flaco favor a este ecosistema único.

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