Aragón puede presumir de ser la cuna de la garnacha, una de las variedades de uva más cultivadas y apreciadas del mundo
Por aquí os hablamos habitualmente de vinos y de cómo las botellas que elaboran muchas de las bodegas incluidas en las Denominaciones de Origen de Aragón triunfan en certámenes internacionales y se sirven en mesas de todo el planeta.
Pues bien, hoy os queremos hablar del ingrediente de esos vinos, o sea, la uva. Y si hablamos de uva en Aragón, entonces la variedad garnacha se convierte en la gran protagonista. Es un tipo de uva presente en todas las Denominación de Origen vinícolas de la Comunidad Autónoma, si bien es en las de Zaragoza donde más fuerza posee Miles de cepas de garnacha se cultivan en la D.O de Cariñena, en los vinos de altura de la D.O. de Calatayud y por supuesto en el Campo de Borja, que es conocido como el “Imperio de la Garnacha”.
No hay que extrañarse de esta abundancia, ya que la variedad garnacha tiene precisamente su origen aquí, en el Valle del Ebro. Los estudiosos opinan que ya en tiempos de los romanos se cultivaba en Aragón. Y así se mantuvo durante siglos en los viñedos aragoneses, cada vez con más presencia e importancia. Tanto que ya aparece nombrada en documentos históricos de la Edad Media.
Y es precisamente durante el Medievo cuando la garnacha comenzó una expansión que le va a llevar a territorios muy lejanos. De hecho, a las mismas tierras alrededor del mar Mediterráneo que poco a poco se fueron incorporando a los dominios y áreas de influencia de la poderosa Corona de Aragón.
Para comprenderlo hay que entender la filosofía de la Corona Aragonesa, la cual no solo se basaba en un poder político que les daba unidad. También tenía un claro espíritu comercial, dispuesto a conquistar nuevas tierras en las que prosperar. Eso posibilitó que circularan las personas, las mercancías y los productos. Se facilitó que los monasterios, los comerciantes, incluso los campesinos viajaran para convertirse en repobladores y colonos. Y claro, cuando un campesino va a ir a nuevas tierras, lo primero que hace es llevarse los productos que conoce para cultivarlos en ese nuevo destino. Así que es como las cepas de uva garnacha empezaron a cruzar fronteras.
Llegaron por ejemplo a tierras italianas. A los distintos territorios que la península transalpina vinculados a la Corona de Aragón. Es decir, el entorno de Nápoles, la costa Amalfitana y también la cercana Apulia. Aunque sobre todo la garnacha encontró un hábitat idóneo en las islas, en Sicilia y especialmente en Cerdeña.
Todavía hoy en la isla de Cerdeña presumen de su uva cannonau. Incluso dicen que es originaria de ahí, si bien los más modernos estudios genéticos confirman la relación con nuestra garnacha. Y si en Italia, estas uvas y sus cultivadores hallaron un clima, unos suelos y unas costumbres ideales para hacer vinos con garnacha, lo mismo se puede decir de otras áreas del sur de Francia estrechamente relacionadas con la Corona de Aragón. Este tipo de uva tan apreciada por sus cualidades frutales se cultivó tanto en el Languedoc como en el Rosellón, e incluso también se desarrolló en viñas de la Provenza.
A partir de ahí paulatinamente se extendió por más zonas de la costa mediterránea de Europa. Por ejemplo, la garnacha llegó a la zona del mar Adriático y desde luego que a tierras griegas, donde también hay que recordar que durante gran parte del siglo XIV los ducados de Neopatria y de Atenas se integraron en la Corona Aragonesa.
Gracias a todo eso se puede asegurar que a día de hoy la garnacha es una variedad de uva esencialmente mediterránea. Un área donde encuentra las condiciones ideales para su desarrollo, aprovechando los suelos pobres, los periodos secos y las temperaturas a veces extremas. Incluso pudiendo desarrollarse a altitudes imposibles para otros tipos de uva.
No obstante hay que decir que la garnacha, ahora en el siglo XXI no reduce su presencia a los países europeos vecinos al Mare Nostrum. ¡Nada de eso! Su versatilidad y su calidad ha hecho que sea la séptima variedad de uva más plantada en el mundo. Cerca de 200.000 hectáreas de viñedos son de uvas garnachas y con ellas en la actualidad se hacen vinos en todos los grandes territorios vinícolas del globo.
Por ejemplo es muy apreciada en el Valle del Ródano francés o en el área Plavac Mali de Croacia. Al igual que se puede encontrar en viñas de la región de Chaparral en California o al sur de Santiago de Chile. Y en la vecina Argentina, la altitud de los valle de Luján de Cuyo y de Uco en Mendoza también valoran las plantaciones de garnacha. Y no acaba aquí la lista, porque es posible verla en los viñedos de Australia, México o Sudáfrica.
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