Hablamos con Carlos Pauner, el «muerto en vida» que se ha paseado por las cumbres más altas del mundo - Enjoy Zaragoza
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Hablamos con Carlos Pauner, el «muerto en vida» que se ha paseado por las cumbres más altas del mundo

Carlos Pauner es el cuarto alpinista español y el primer aragonés en coronar los 14 Ochomiles de la Tierra

Es difícil presentar a uno de los alpinistas más importantes de la historia de España. Y es que Carlos Pauner es el cuarto alpinista español y el primero aragonés en alcanzar los 14 Ochomiles de la Tierra. Anécdotas, experiencias y huellas imborrables tanto físicas como mentales. Pauner nos cuenta sus cómo es estar ahí, al pie del cañón, y qué se siente al realizar estas ascensiones.

Sin duda, el momento más duro no solo de su trayectoria, sino de toda su vida, lo vivió hace 20 años. Fue en el año 2003 cuando estuvo desaparecido durante tres días en el Kangchenjunga (8.586 metros). El propio Carlos Pauner nos confiesa que se sintió como «un aparecido entre las tinieblas» cuando regresó a la vida. Igual que ocurrió aquella vez, ha vivido miles de anécdotas que impresionan a cualquiera. Lo mejor que se puede hacer en estos casos es sentarse, coger papel y boli y escuchar atentamente.

P. Eres el cuarto alpinista español y el primer aragonés en coronar los 14 Ochomiles de la Tierra. ¿Cómo es escalar estas montañas?

Ser el primer aragonés en escalar todos los ochomiles de la Tierra es un gran orgullo. Han sido 14 años de expediciones, 2 al año, lo que significaba estar casi 5 meses al año durmiendo en las montañas. Mucho tiempo, mucho esfuerzo, pero una gran satisfacción al conseguir algo realmente difícil y al alcance de pocas personas en el mundo. Un camino largo, que he disfrutado y sufrido en ocasiones, pero que me deja todo lo positivo que hay en vivir experiencias al límite, rodeado de amigos, conociendo lugares y personas increíbles en este gran viaje por las grandes montañas.

P. ¿Qué es lo que te lleva a escalar los Ochomiles?

Lo que me lleva a escalar ochomiles es precisamente su naturaleza. Son montañas muy difíciles, que exigen todo de ti, tanto a nivel mental como físico. Es un reto colosal que te engulle, que hace que estés cada día más preparado, que te brinda experiencias al límite, tanto buenas como malas. En definitiva, es una escuela de vida, que forja el carácter y te enseña a conducirte de una forma determinada hacia el objetivo.

P. ¿Existe alguna de la que guardes un mejor recuerdo? ¿Por qué?

El mejor recuerdo lo guardo de la ascensión al K2 en 2001. Es la segunda altura de la Tierra, una de las montañas más difíciles del mundo y allí estábamos, a sus pies, cuatro amigos de Zaragoza, con toda esa montaña para nosotros. Trabajamos sin descanso, con la ayuda de otra expedición que llegó más tarde, realizando un esfuerzo sobrehumano. Luchamos por conseguir esa cima y así fue, encontramos el éxito a nuestro trabajo en ese mes de julio. Es una montaña preciosa, que conozco muy bien y que nos ganamos metro a metro, como se hacían antes las cosas.

P. En el año 2003, te dieron por muerto durante tres días debido a tu desaparición, ¿cómo viviste estos momentos cuando te enteraste de la noticia?

Mi desaparición en el 2003 fue muy sonada. Quizás es la historia de supervivencia más notable de las últimas décadas en el Himalaya. No es fácil sobrevivir una noche en soledad y sin apoyo en el Kangchenjunga (8.586 m). Pero 3 días ya es casi imposible. Aguanté la soledad, el frío, el hambre, la sed, las alucinaciones y conseguí llegar por mi pie al campo base y reunirme allí con mis compañeros italianos. La noticia de mi aparición recorrió el mundo y cuando llegue a casa, casi era como un aparecido entre las tinieblas. Fue una dura prueba que me enseñó la gran resistencia que tengo para estas montañas y que a la vez me dio una segunda oportunidad para seguir con vida y, cómo no, seguir subiendo montañas.

P. Entiendo que este ha podido ser uno de los peores momentos de tu trayectoria, pero… ¿hay alguno más que puedas contarnos? ¿Has tenido alguna experiencia cercana a la muerte?

La experiencia del Kangchenjunga fue la más dura, sin duda. Por supuesto que, en un proyecto tan difícil y arriesgado como éste, ha habido muchos momentos complicados y dramáticos. Caídas en grietas, accidente de helicóptero, avalanchas, muertes de compañeros. Son tantos, que es difícil recordarlos todos.

La experiencia de 2003 fue muy dura y acabó bien, afortunadamente. No siempre ha sido así en otras montañas donde he perdido a grandes personas que quería. A ocho mil metros ya estás en la antesala de la muerte. Estás muriendo y sólo es cuestión de tiempo que la falta de oxígeno te mate. Conseguir salir de esa zona, llamada zona de la muerte, es la única forma de volver a la vida. Para subir un ochomil, hay que caminar entre la delgada línea que separa la vida de la muerte y sentir como vas perdiendo poco a poco la vida. Al bajar, notas como vuelve a ti la energía y la vida de nuevo.

P. ¿Estás trabajando en algún proyecto en la actualidad?

Después de los 14 ochomiles, realicé un proyecto muy ambicioso y largo que fue el de subir las 7 cimas más altas de cada uno de los continentes del planeta. Desde la Antártida a Indonesia o Alaska, recorrí el mundo hasta conseguir hollar esas cumbres. Actualmente estoy embarcado en otro proyecto de montaña: El Leopardo de las Nieves, tratando de escalar esos 5 difíciles picos de más de 7.000 metros que se localizan en la cordillera del Pamir y Thien Shan, en tierras de Kirguistán y Tayikistan. Sólo son 5, pero son muy frías, verticales y complicadas. De momento ya subí al Lenin y sigo ilusionado por avanzar en un proyecto muy difícil como éste. Poco a poco, disfrutando del camino, como suelo hacer en todas las montañas.

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