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Pozo de los Aines, un espectacular “cenote” a los pies del Moncayo

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El Pozo de los Aines es una gran sima abierta en el suelo por la que se puede descender y cuyo origen sigue siendo todavía una incógnita

Situado en medio de un campo de olivos en Grisel, nos encontramos con el Pozo de los Aines, un pozo que sigue siendo un misterio en la actualidad. Una escapada perfecta desde Zaragoza para pasar el día, ya que se encuentra a poco más de una hora en coche, y más tras su rehabilitación en 2013.

Se trata de un gran pozo de 22 metros de boca, 23 metros de profundidad y hasta 32 metros de desnivel. Su descenso se efectúa mediante una cuerda, bien por su boca, o también por la cueva excavada por uno de sus costados. La vegetación del fondo contrasta con la de los aledaños, ya que el cúmulo de humedad permite el crecimiento de innumerables plantas propias de lugares húmedos.

 

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Un origen incierto

Pero volvamos al inicio del Pozo de los Aines. ¿Cuál es el origen de este lugar tan singular? Pues la realidad es que es complicado saberlo, ya que existen muchas teorías e incógnitas. Según algunos expertos, el pozo se formó hace no mucho tiempo, geológicamente hablando, probablemente en la Edad Media. En cambio, otras fuentes le dan más antigüedad, ya que existía un camino interior hasta el fondo para extraer agua para riego. Además, se han encontrado restos arqueológicos de épocas romanas y musulmanas en sus proximidades.

Alejándonos de la opinión experta, también existen diferentes leyendas tradicionales. Hacia 1535, los habitantes del pueblo de Grisel eran en su mayoría moriscos, musulmanes convertidos forzosamente al cristianismo, siendo muchos los que, en secreto, seguían practicando su antigua religión. Los habitantes no seguían el precepto cristiano de descansar los domingos del trabajo, por lo que se dice que sonó un enorme estruendo que formó este agujero, el cual se atribuyó a un castigo de Dios por trabajar en festivo.

Otras leyendas hablan de los ermitaños que vivieron en el fondo del pozo o incluso de que era un pasadizo hasta el castillo del pueblo para que se pudiera huir tras un asedio. Como podéis comprobar, se trata de leyendas fantásticas que se suelen contar sobre este misterioso pozo.

Y si el origen del Pozo de los Aines es incierto, el nombre sigue la misma línea. El nombre de Aines tiene su origen en el árabe “ayn”, manantial o fuente. Otra versión más popular lo asocia con una chica llamada Inés, que cayó al pozo y murió en sus profundidades, por lo que le llamaron “El pozo de la Inés”, degenerando hasta acabar en “Aines”.

Información de la página web de Grisel – Imagen principal de Turismo de Aragón

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