Fuente de Neptuno de Zaragoza: conoce su historia y todas sus ubicaciones en la ciudad - Enjoy Zaragoza
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Fuente de Neptuno de Zaragoza: conoce su historia y todas sus ubicaciones en la ciudad

Glorieta de la Princesa

La historia de la Fuente de Neptuno del Parque Grande de Zaragoza

Texto y fotos: Armando Cerra

La Fuente de Neptuno situada en la Glorieta de la Princesa es uno de los espacios más bonitos de todo el Parque José Antonio Labordeta. Es la simbiosis perfecta entre arte, naturaleza, historia y buen gusto que inspira todo el parque. El conjunto de escultura, agua, parterres, palmeras y pinos son un engranaje visual magnífico donde cada detalle suma al conjunto. Parece que todo se ideó para ese lugar. Y sin embargo… no fue así.

Ya os hemos hablado en alguna ocasión de esculturas e incluso edificios que han ido variando su ubicación dentro de la ciudad. Nos hemos referido por ejemplo a la escultura de César Augusto o hemos seguido los pasos del Quiosco de la Música, que también está ahora en el Parque Grande, precisamente a la misma altura que la Glorieta de la Princesa, pero al otro lado del florido Paseo de San Sebastián.

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Pues bien, la Fuente de Neptuno se pensó para una ubicación bien distinta a la que tiene en la actualidad. Su primer emplazamiento, en 1833, fue la Plaza de España. El caso es que la fuente se colocó en el sitio donde ahora se levanta el Monumento a los Mártires. Ahí se convirtió en la primera de agua potable que hubo en la ciudad.

En aquel año, la futura reina Isabel II era una niña y aunque se trataba de la heredera al trono desde la muerte de su padre, se le consideraba princesa. Pues bien, esa primera fuente de agua potable de Zaragoza se quiso vincular con la gobernante del futuro. No obstante hay que decir que desde que se colocó la primera piedra de la obra, hasta que por fin manó el agua de sus caños pasaron unos cuantos años. No fue hasta 1845 cuando por fin los zaragozanos llenaban sus cántaros en este amplio pilón circular.

Ahí llega el agua brotando de las bocas de cuatro delfines de piedra y otros 12 caños repartidos alrededor de todo el monumento. Un conjunto culminado en su parte alta por el dios romano Neptuno, deidad de las aguas. Por cierto, esta figura de piedra de alguna forma fue reciclada para la ocasión, ya que todavía era más antigua. Se había labrado por el escultor alcañizano Tomás Llovet en 1809 y durante muchos años quedó a la espera de una fuente que adornar. Y por fin pudo cumplir su cometido cuando se acabó el monumento en el centro de la plaza, la cual por entonces no se conocía como Plaza de España, sino como Plaza de San Francisco.

Allí permaneció tal infraestructura hidráulica durante años. No era para menos, ya que además de ser muy útil para los vecinos, el esfuerzo para su creación había sido importante. De hecho, lo más fácil fue la confección del monumento en sí. Lo complicado fue el abastecimiento de agua desde el Canal Imperial, así como crear el desagüe hasta el río Huerva.

No obstante, la obra tenía los días contados. Y pronto se decidió que en aquel lugar preeminente de la urbe debía haber un monumento de carácter más patrio y también más piadoso. Así que a comienzos del siglo XX se planteó el actual Monumento de los Mártires, lo cual significó el desmontaje de la Fuente de Neptuno.

Piedra a piedra se procedió al embalaje del conjunto. Y aunque la idea era trasladarlo hasta las Balsas de Ebro Viejo y volverla a montar. La situación financiera del consistorio no estaba para dispendios. De manera que optaron por guardar todas las piezas en un almacén. Allí se mantuvieron desde 1902 hasta 1935. Entonces se pensó en un nuevo emplazamiento. Uno muy cerca de las aguas, la Arboleda de Macanaz. Sin duda, un sitio que sería muy del agrado del dios acuático.

Aunque solo fue una residencia temporal y la verdad es que ahí jamás cumplió con su función de fuente. Tal vez por eso, conforme el Parque Grande se hacía eso, más grande, había que dotarlo de elementos que le dieran lustre. Y se consideró que ahí podía tener acomodo la Fuente de Neptuno. Para ella se diseñó la Glorieta de la Princesa. De forma que no hubiera problemas con las denominaciones.

Ahí se yergue desde el año 1946. Para muchos es uno de los rincones más hermosos y fotografiados del gran pulmón verde zaragozano. Si bien a todo el mundo no le debe parecer un sitio atractivo, ya que si nos fijamos en el dios Neptuno vemos que ahora ya no luce orgulloso su tridente. Un acto de vandalismo acabó con su arma y también con su brazo izquierdo en 2009.

Desde entonces luce manco y desarmado. Hay quien piensa que se debería restaurar. Y también lo hay que son partidarios de mantenerlo así, como muestra de lo que provoca la incultura y los actos incívicos. ¿Y tú? ¿Qué piensas?

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