La Cartuja Baja: un monasterio transformado en barrio - Enjoy Zaragoza
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La Cartuja Baja: un monasterio transformado en barrio

Portería, acceso monumental a la Cartuja

Os contamos poquito sobre la historia de este monasterio cartujano declarado Bien de Interés Cultural

Artículo y fotos: Armando Cerra



Este próximo sábado 19 de junio, los vecinos del barrio rural de La Cartuja Baja van a viajar en el tiempo y nos invitan a viajar con ellos disfrutando de una singular recreación histórica evocando la Fundación de la Cartuja de la Inmaculada Concepción, allá por el siglo XVII.

Desde aquí nos queremos hacer eco de esta iniciativa vecinal. Sí, han sido los vecinos los que han impulsado tal evento. Y no solo eso, llevan ya unos cuantos meses investigando y cosiendo uno a uno los trajes de monjes, campesinos y gentes de la época, para ejecutar este sábado una recreación histórica con todo el rigor posible.

Los distintos actos que componen esta celebración están descritos en la web de la Asociación Vecinal Jerónima Zaporta, impulsora del evento. Y también allí encontraréis información sobre los lugares y horarios de la recreación. No obstante, a modo de introducción nosotros vamos a aprovechar la ocasión para contaros un poquito sobre la historia de este monasterio de Aragón cartujano declarado Bien de Interés Cultural.

Un monumento que nos encanta no solo por su valor histórico y artístico, sino porque es un lugar vivo. ¡Literalmente!, porque lo que en otro tiempo fueron dependencias monacales hoy son viviendas, espacios culturales, bares o jardines para los vecinos.

Solo por conocer esa evolución, ya merece la pena tomar la salida de A-68 dirección Alcañiz, y a los 5 kilómetros de recorrido hacer una parada en La Cartuja Baja. Por cierto, también podéis acercaros con línea 25 del autobús urbano. E incluso, es posible llegar en caminando o en bici siguiendo el camino natural de La Alfranca junto al cauce del Ebro.

Lleguemos como lleguemos, allí nos espera  un conjunto histórico originado en el 1651 y patrocinado con la fortuna del matrimonio Alonso de Funes y Jerónima Zaporta. Si bien fue ella, la principal impulsora de la obra, tras el fallecimiento de su esposo. De ahí que la actual asociación de vecinos lleve su nombre. Por cierto, ¿sabéis quién fue el abuelo de Jerónima? Ni más ni menos que Gabriel Zaporta, el rico banquero que hizo construir el Patio de la Infanta.



Para ser justos, hay que decir que las obras de la Cartuja Baja duraron mucho más de lo previsto. Y la recordada benefactora no vio concluido de forma íntegra el convento. De hecho no se dio por acabado hasta el año 1767.

Vemos que el incumplimiento de plazos no es cosa nueva. Pero además en este caso podemos decir que las obras duraron más que la propia vida cartujana. Primero llegó la Guerra de la Independencia, con los daños materiales que ello supuso. Y unos 20 años más tarde, en 1836 tuvo lugar la Desamortización de Mendizábal, según la cual se expropiaron y subastaron infinidad de bienes y tierras por toda España que poseía la iglesia y distintas órdenes religiosas.

Evidentemente aquello supuso el abandono de los monjes. Y todos los espacios que antes habían ocupado los cartujos, pasaron a manos de nuevos propietarios y de colonos que se establecieron en el monumento y comenzaron a cultivar las tierras del entorno. Tierras fértiles gracias a la vecindad del Ebro.

Aquella colonización del espacio monacal fue el origen del barrio rural actual. De alguna forma es un monasterio ocupado por el pueblo y puesto en valor por los vecinos. Los cuales también se empeñan en mantener viva la historia del lugar y se preocupan por conservar el patrimonio artístico que atesoran.

Todavía hoy se guardan importantes edificios cartujanos. La propia iglesia en el corazón del barrio es la mejor expresión. Pero hay más. Se ve la hospedería, la sacristía, el lugar que fue el refectorio o el enorme claustro transformado en el Huerto Frisón donde hoy juegan los niños o la asociación de mujeres hace sus clases de gimnasia.

También todo el conjunto sigue protegido por un cerco amurallado de más de un kilómetro de longitud. Esos altos muros de ladrillo en su momento marcaban la separación entre el espacio conventual, donde reinaba al austeridad y el silencio cartujano, con el exterior de campos de labranza y donde podían vivir las gentes que estaban al servicio de la orden religiosa.

Evidentemente esas murallas están muy transformadas. En gran parte esos muros hoy ya son parte de muchas viviendas. E incluso no son unos muros infranqueables como antaño. De hecho, en la actualidad son la gran bienvenida al barrio, sobre todo si entramos por su puerta principal, la llamada Portería. Una entrada monumental, restaurada y cuyos flancos se han recuperado para albergar unas salas donde celebrar distintos actos sociales y culturales.

Una muestra más del dinamismo de este barrio rural. Un perfecto ejemplo de cómo puede evolucionar el patrimonio histórico. Porque la Cartuja Baja no es en la actualidad tal y como la soñaron sus nobles impulsores del siglo XVII. Sin duda alguna, su aspecto es muy distinto. Pero se trata de un monumento vivo que ha sabido adecuarse a cada momento que le ha tocado vivir.

Eso sí, siempre recordando sus orígenes. Algo que se va a plasmar de forma estupenda este próximo 19 de junio de 2021. La fecha elegida para la I Recreación Histórica de la Fundación de la Cartuja de la Inmaculada Concepción. Ojalá sea todo un éxito y el primero de otros muchos eventos semejantes.

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