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De Zaragoza a Los Ángeles: Gabi Martínez, el productor aragonés que conquista la industria de la música

Gabi Martínez se ha hecho un hueco en la industria musical internacional como productor trabajando con artistas como Enrique Bunbury y Monsieur Periné

Desde Enjoy Zaragoza seguimos cruzando fronteras sin perder de vista nuestras raíces. En nuestra sección ‘Como en casa‘ conversamos con aragoneses que han hecho las maletas para vivir fuera, pero que siguen llevando su tierra muy dentro.

En esta ocasión viajamos hasta Los Ángeles para conversar con Gabi Martínez, zaragozano de origen, productor musical y, en cierto modo, embajador de Aragón al otro lado del Atlántico.

Tras una década fuera, nos abre las puertas de su estudio para contarnos cómo es trabajar en la industria musical internacional junto a artistas como Enrique Bunbury o Monsieur Periné. También reflexiona sobre la importancia de sus raíces y esos pequeños detalles que le hacen sentirse “como en casa” esté donde esté.

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P. Naciste en Zaragoza y ahora trabajas en Los Angeles con algunos de los nombres más importantes de la música. ¿Qué parte de Zaragoza sigue contigo en cada proyecto?

Sí, claro, muchísimas cosas. Soy del barrio de La Química, de La Almozara, y me crié en Zaragoza. Desde mis primeros ensayos en locales, mis primeras bandas tocando la guitarra y mis primeros conciertos allí, todo ese proceso fue sembrando la semilla que con el tiempo se fue desarrollando en lo que fueron y son mis aspiraciones como profesional de la música.

P. Cuando empezaste tu camino en la música, ¿qué papel jugó Aragón en esa formación o en esa forma de entender la creatividad?

A ver, creo que Zaragoza siempre ha sido pionera en varios géneros musicales, desde el rock al rap. Es una amalgama de convergencias sonoras, no solo desde un punto de vista musical, sino también histórico, que acaba definiendo una identidad muy particular.

Haber crecido en Aragón y en Zaragoza, teniendo espacios culturales como las casas de juventud para ensayar y aprender música, o lugares como el Laboratorio de Sonido, donde grabé varios discos con impacto internacional, ha sido fundamental. Todo eso forma parte de lo que Aragón ha sido a nivel cultural y, ojalá, de lo que siga siendo y ofreciendo.

P. Has trabajado con artistas de todo el mundo. ¿Qué tiene la forma de hacer música que crees que conecta más con tu manera de ser aragonés?

No sabría decirlo con certeza. Lo que sí tengo claro es que me siento orgulloso de dónde vengo y siempre animo a todo el mundo a sentirse igual con sus raíces, sean de donde sean. Nada es mejor, solo distinto.

Creo que de ahí nacen las cosas más únicas: cuando miramos hacia dentro y llevamos eso a un contexto más universal. Nuestra cultura de dónde venimos, lo que hemos vivido, es lo que nos define, y ese bagaje es lo que nos hace diferentes. Al final, esa mezcla de experiencias es la que nos impulsa a expresarnos artísticamente. Y es en ese discurso donde volcamos todas esas particularidades.

P. Has pasado por proyectos muy reconocidos a nivel internacional. ¿Hay alguna “manera aragonesa” de trabajar que te haya ayudado a llegar hasta ahí?

No sé si existe algo como una “manera aragonesa” como tal. Lo que sí tengo claro es que lo que me ha inculcado mi familia es lo que intento aplicar, a nivel moral y profesional, en todos los proyectos en los que trabajo: honestidad, trabajo duro, mente abierta y una verdadera vocación por la colaboración con los artistas.

También está esa motivación constante, ese “hambre” y ese fuego interior por intentar crear algo lo más único posible y ponerle todo el corazón. Creo que eso tiene más que ver con los valores que te transmite tu familia y tu entorno cercano, y es lo que realmente acaba marcando la diferencia.

P. Si tuvieras que explicar Aragón a alguien del mundo de la música en una sola canción o sonido, ¿cómo lo describirías?

Lo definiría como una mezcla. No creo que Aragón pueda expresarse como un solo sonido; no es algo monosónico ni monodimensional.

Venimos de una mezcla de culturas, desde lo mozárabe hasta lo celtíbero, desde el Pirineo hasta Teruel. Somos, en esencia, un cruce de caminos, de civilizaciones y de historias. Una tierra por la que ha habido un amalgama cultural desde tiempos inmemorables  y donde todos deberían sentirse bien recibidos.

Y es precisamente de esa mezcla, la que nos hace únicos, de donde nacen nuestra cultura. Son esas manifestaciones las que, a lo largo de la historia, nos han dado mas reconocimiento y de las que hoy nos sentimos más orgullosos.

P. ¿Recuerdas algún lugar, estudio, profesor o momento en Aragón que te hiciera pensar por primera vez «me quiero dedicar a esto»?

Sí, claro. Me acuerdo desde muy pequeño, viendo mis primeras actuaciones en directo. El primer gran concierto que vi en el Príncipe Felipe, las orquestas que tocan en fiestas, toda esa música en vivo que te impacta desde niño.

También recuerdo la primera vez que toqué con una banda cuando aun iba al colegio,  pasar tiempo en los locales de ensayo o mis primeras grabaciones. Desde que cogí una guitarra y vi que se podía hacer música, que había gente dedicándose a ello de manera profesional, pensé, quiero hacer esto el resto de mi vida. Y es algo que he seguido persiguiendo desde entonces: intentar dedicarme a esto para siempre.

P. Si hoy volvieras a Zaragoza con todo lo que has vivido fuera, ¿qué le dirías a la ciudad sobre lo que significa exportar talento?

Sobre cómo exportar talento y entender el arte, lo primero es asumir que el mundo no acaba en Aragón, ni en España ni en Europa. El mundo es grande y hay que tener esa perspectiva. Es importante valorar nuestra cultura, pero también entender la de los demás y trabajar desde un enfoque global.

Una de las cosas que creo que ocurre en Aragón y en España, al menos en mi campo, es que muchas veces no se percibe la misma profesionalización en la industria musical. En lugares como Los Ángeles, la industria del entretenimiento está completamente consolidada y se entiende como lo que es, una industria millonaria.

Eso es algo que me gustaría trasladar a Zaragoza, una visión más amplia de lo que hacemos, entendiendo la música y el arte no solo como una expresión cultural, sino también como una industria, como un negocio que, bien gestionado, puede tener un impacto enorme.

P. Después de trabajar con tantos artistas internacionales, ¿qué significa para ti llevar Aragón en tu nombre profesional?

Siempre, como he dicho antes, me siento muy orgulloso de dónde vengo. Me gusta poner mi cultura, mi bagaje y mi historia al servicio de la cultura, el bagaje y la historia de otras personas.

De esa mezcla, y a veces ese choque con otras sensibilidades artísticas, ya sean más cercanas o más lejanas, es de donde suelen surgir las cosas más únicas. Para mí, es clave mantener ese orgullo por tus raíces y, por supuesto, Aragón es de donde soy.

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