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Dos pueblos aragoneses entre los 9 pueblos amurallados más bonitos de España, según ‘España Fascinante’

Sos del Rey Católico y Albarracín se consolidan como dos de los pueblos amurallados más bonitos de España tras ser incluidos en el ranking de la revista España es Fascinante

A poco más de una hora de Zaragoza, hay dos lugares que parecen resistirse al paso del tiempo. La revista España es Fascinante ha incluido, entre los nueve pueblos amurallados más bonitos de España, y no es difícil entender por qué, a Albarracín y Sos del Rey Católico. Ambos conservan intacta la esencia de los pueblos de Aragón y siempre destacan por la belleza e interés turístico que desprenden.

Sos del Rey Católico

Situado en la comarca de las Cinco Villas, este pequeño municipio se alza sobre la piedra como si hubiera quedado suspendido en otra época. Su perfil, dominado por la silueta del castillo, ya anticipa lo que espera al visitante, un recorrido donde cada calle cuenta una historia.

El viaje comienza en lo alto, junto a la torre del homenaje del castillo del siglo XII, desde donde se domina todo el caserío. A partir de ahí, el pueblo se despliega en descenso, guiando al visitante por un laberinto de calles estrechas, muros de piedra y pasadizos que conducen directamente a su antigua judería, uno de los espacios más evocadores del conjunto.

El recorrido continúa de forma natural hacia algunos de sus rincones más representativos, como la plaza Mayor, la lonja o la casa consistorial, ejemplos muy bien conservados de la arquitectura civil aragonesa. Más que una sucesión de monumentos, todo el casco histórico funciona como un único escenario en el que la vida medieval sigue siendo fácil de imaginar.

Entre sus edificios más significativos destaca el palacio de Sada, lugar de nacimiento de Fernando el Católico. Hoy alberga el Centro de Interpretación dedicado a su figura y la oficina de turismo, desde donde parten visitas guiadas que ayudan a entender la importancia histórica de la villa y su papel en la historia de Aragón.

Pero Sos no es solo historia política. También es un destino imprescindible para quienes buscan arte y patrimonio religioso. Las iglesias de San Martín de Tours y San Esteban muestran la huella del románico en la zona, y en esta última destacan especialmente los frescos conservados en su cripta, uno de los tesoros artísticos más sorprendentes del municipio.

Pasear por su antigua judería es quizá el rincón donde mejor se percibe la mezcla de culturas que ha definido la identidad del pueblo a lo largo de los siglos.

Hoy, Sos del Rey Católico no solo figura en rankings nacionales, se ha consolidado como una de las escapadas más completas desde Zaragoza para quienes buscan historia, arquitectura y autenticidad en un mismo lugar. Un destino que no necesita artificios para impresionar, porque su mayor valor sigue siendo el mismo que hace siglos, seguir viviendo dentro de sus propias murallas.

Albarracín

Ubicado en la provincia de Teruel, este enclave está considerado de forma habitual uno de los pueblos más bonitos de España. Su casco histórico, declarado Bien de Interés Cultural, conserva un trazado medieval que se adapta a la orografía del terreno y a las laderas del río Guadalaviar.

Las viviendas de tonos rojizos, los balcones de madera y las murallas que rodean el conjunto urbano crean una estampa única, fácilmente reconocible y que ha convertido a Albarracín en uno de los destinos más fotografiados de Aragón.

Si estás pensando en hacer una escapada, estos tres consejos pueden ayudarte a disfrutarlo mejor:

  • Calzado cómodo, imprescindible: Sus calles empinadas, estrechas y llenas de desniveles invitan a recorrerlo sin prisa, pero con buen calzado. Y no te quedes solo en el casco histórico: los alrededores también merecen la visita.
  • Cámara o móvil con batería cargada: Cada rincón es una postal. La luz sobre las fachadas rojizas cambia a lo largo del día y convierte cualquier paseo en una oportunidad para hacer fotos.
  • Perderse sin mapa: Más allá de las rutas marcadas, Albarracín se disfruta mejor dejándose llevar por sus callejuelas, plazas pequeñas y rincones inesperados.

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