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Dos paseos por los alrededores de Zaragoza: el Vedado de Peñaflor y la ruta de las dolinas

Buitres en el Vedado de Peñaflor

A un paso de Zaragoza. Tanto es así, que los lugares que os recomendamos a continuación se integran en el Ayuntamiento de Zaragoza.

Y sin embargo, cuando nos damos un paseo por ahí, las sensaciones son de estar lejos, muy lejos del asfalto de la ciudad.

Texto: Armando Cerra – Fotos: Wikipedia

Hace unos cuantos días os hablábamos de un humedal como el Galacho de Juslibol, sin duda uno de los espacios naturales más singulares de Zaragoza. Pues bien, hoy queremos hablaros de otros lugares integrados en el mismo término municipal. Queremos invitaros a dar un paseo por dos ambientes muy especiales. Por un lado, el Vedado de Peñaflor, y por otro la ruta de las dolinas que os llevará desde Garrapinillos hasta Casetas.

En definitiva, vamos a darnos una vuelta por el entorno de los barrios rurales de Zaragoza. ¡Comenzamos!

Paseo 1 por el entorno de Zaragoza: el Vedado de Peñaflor

Podemos llegar a Peñaflor de dos maneras. La primera es en nuestro coche tomando la carretera a Montañana desde Santa Isabel. En unos 15 kilómetros hemos llegado a barrio rural de Peñaflor, el cual también está unido con la capital mediante autobús urbano, en concreto gracias a la línea 28.

Yendo en coche o en bus, hay que aprovechar para contemplar la preciosa torre mudéjar la iglesia parroquial. E incluso antes o después se puede hacer otra parada en la Cartuja de Aula Dei, donde se guardan pinturas de un tal Francisco de Goya.

De esto, os hablaremos en otra ocasión. Hoy toca salida al campo. Recorrer el Vedado de Peñaflor, el cual es uno de los espacios naturales de Zaragoza más singulares. ¿Por qué? Porque es una estupenda mancha verde rodeada por el ambiente seco de los vecinos Monegros.

Hay que caminar un poquito desde Peñaflor para llegar hasta allí. Pero si vamos con nuestro coche, es una excursión muy agradable para hacer en bici de montaña. Un recorrido que tiene su primera parada entre los pinos que rodean la ermita de San Cristóbal. Y partir de ahí no se deja de ir rodeado de bosque, monte bajo y alguna que otra área agrícola hasta llegar a su punto más alto, donde se eleva un torre de vigilancia para evitar en lo posible una catástrofe en este pequeño pulmón verde.

Durante todo este itinerario, el árbol más distinguible es el pino carrasco, junto a sabinas y carrascas, a cuya sombra se van alternando distintas plantas de matorral, la gran mayoría de ellas muy adaptadas a la sequedad del terreno, como los lentiscos y los espinos.

Lo cierto es que si lo comparamos con otros lugares de gran belleza natural en Aragón, tal vez el Vedado de Peñaflor no nos pueda parecer gran cosa. Pero lo que le concede un valor ecológico muy destacable es su carácter de isla.

En unos paisajes dominados por los campos de labor y los eriales, de pronto esta masa boscosa es un auténtico refugio para multitud de animales. Por supuesto que muchos de ellos son mamíferos habituales como zorros, liebres o jabalís. Pero también hay infinidad de aves, desde rapaces y carroñeras  hasta  pequeños pájaros carpinteros. Sin olvidar la presencia de una especie protegida como el cernícalo primilla. En definitiva, que el Vedado nos propone un paseo por un bosque natural sin salir de Zaragoza.

Paseo 2 por el entorno de Zaragoza: la ruta de las dolinas

Seguimos sin salir del término municipal zaragozano, pero ahora visitamos los alrededores de otros dos barrios rurales: Garrapinillos y Casetas. Os proponemos empezar por el primero, e ir hasta allí en bici, pedaleando a orillas del Canal Imperial. No obstante, hay otras posibilidades, como ir en cercanías hasta Casetas y empezar por allí. O hacer uso de nuestro coche para acercarnos al comienzo de la ruta.

De una forma u otra debéis saber que este itinerario os va a mostrar los “ojos” de Zaragoza. En realidad, se trata de una denominación metafórica para las distintas balsas que vamos a visitar. Unas balsas cuyo origen son hundimientos circulares del terreno, o sea, dolinas. Unos hundimientos que con el tiempo se han ido cubriendo de agua.

La verdad es que antaño había muchos más por esta zona de la margen derecha del Ebro, pero la expansión agrícola  hizo que algunas dolinas se colmatasen. Y si bien eso ha provocado que algunas hayan desaparecido, lo cierto es que para las que han resistido, esa abundancia de cultivos les otorga su verdadero valor ecológico, ya que su agua por regla general proviene de los aportes que sobran en el regadío cercano.

De todas ellas la primera que visitamos es la Balsa de Larralde o de Torre Medina, muy cerca del Canal. Toda ella está rodeada por un espeso soto con tamarices y chopos, pero conforme nos acercamos al agua se extiende el carrizal y las aneas. Unas plantas perfectas para que aniden y se refugien los ánades o el martín pescador, entre otras muchas aves acuáticas.

También entre los campos de Garrapinillos se abre el Ojo del Fraile, el cual se desvía un poco de la ruta de las dolinas. De manera que es mejor seguir las indicaciones para llegar al término de Casetas, prácticamente a su núcleo habitado, donde se encuentra la Balsa del Ojo del Cura.

Un reducto de naturaleza salvado del crecimiento urbano. Valioso patrimonio natural que se ha convertido en el hábitat perfecto para una rica avifauna en la que hay zampullines, fochas, gallinetas o garzas. Entre otras muchas especies. Así que un consejo si hacéis cualquiera de estas dos rutas, tratad de ser silenciosos, disfrutar del entorno y llevar prismáticos de pajarero, porque os sorprenderá la riqueza animal que hay solo unos kilómetros del bullicio de Zaragoza.

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