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El Parque Pignatelli, el primer parque urbano de Zaragoza

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Nos damos una vuelta por el Parque Pignatelli de Zaragoza. O lo que es lo mismo, paseamos por la historia de la ciudad. Y también por el presente, porque es un lugar con mucha actualidad

Artículo y fotos: Armando Cerra

El Parque Pignatelli no es el más grande de Zaragoza. Tampoco es el más céntrico, ni el más famoso y visitado. Posiblemente no sea el de árboles más espectaculares, ni se caracteriza por tener unos jardines únicos. Y sin embargo hay algo que sí lo distingue del resto de parques de la ciudad. El Parque Pignatelli fue el primer parque urbano que se creó en Zaragoza.



Cuando Zaragoza avanzaba hacia la modernidad a fines del siglo XIX, los grandes paseos ciudadanos se expandían para alejarse del núcleo histórico. Eso estaba pasando con el actual Paseo de Sagasta, que iba creciendo y ascendiendo hacia la zona que hoy llamamos de Cuéllar.

Aquel tramo de la ciudad tenía entonces un aspecto bien distinto. Eran las afueras, y de hecho Torrero formaba parte del municipio, pero casi como un ente rural. No obstante, se trataba de un área urbana cada vez más importante, y sobre todo por la presencia del Canal Imperial, del cual ya os hablamos hace poco en un post anterior.

Tal y como había soñado el propio Pignatelli, el Canal era una importante fuente de abastecimiento de agua para la ciudad. De manera que en 1876 se le encargó al arquitecto municipal que planificara toda la infraestructura hidráulica necesaria para abastecer de agua de boca a los zaragozanos.



Ese arquitecto municipal era Ricardo Magdalena, un creador incansable al que le debemos obras únicas como el Paraninfo, la reforma del Teatro Municipal o el Antiguo Matadero. Y también fue él quien diseñó unos grandes depósitos a cielo abierto con una capacidad de más de 80.000 m3 de agua. Y junto a ellos un aljibe enterrado de doble planta en la que se trataba el agua para mejorar su calidad.

Y conforme Magdalena planificaba todo aquello, fue ideando toda la urbanización de su entorno. Ese fue el germen del Parque Pignatelli. Si bien durante mucho tiempo, solo existió sobre el papel. Aún así, el propósito de que aquella zona fuera un moderno parque para la ciudadanía estaba tan claro que incluso se instaló la estatua de Pignatelli antes de que existiera el entorno apropiado.

La estatua de Pignatelli que hoy está en el corazón de su parque, originalmente se erguía en la Plaza  de Aragón. Pero para vincular su figura con su gran obra hidráulica se trasladó hasta más o menos su emplazamiento actual en 1904. Y allí, situado junto a los depósitos y los tranvías que entonces subían por el modernísimo Paseo de Cuéllar, la figura escultórica contempló estoica como se prolongaron  las obras más de lo esperado, hasta que por fin Zaragoza contó con su primer parque urbano.

Las crónicas cuentan que una de las primeras cosas que hubo fue un merendero. Luego vendrían ajardinamientos, canalizaciones de agua, la fuente rodeando a la propia figura de Pignatelli y los diversos equipamientos infantiles, como los columpios y toboganes en los que algunos hemos tenido la suerte de jugar de críos.

Al ser el pionero de los parques públicos en Zaragoza, son muchas las generaciones de niños que han jugado aquí. Y así sigue siendo, sobre todo en el área que comunica con el Paseo de Sagasta. Allí se encuentra la zona de coches y motos eléctricas, o las siempre divertidas camas elásticas, que son todo un clásico para los peques de la zona.

Precisamente aquí comienza el muro que el cierra el Parque Pignatelli y lo separa de los viejos depósitos de agua. Si paseamos junto a ese muro descubriremos diferentes grafitis y de pronto veremos una puerta estrecha. Es el acceso a los antiguos depósitos soterrados. Un espacio reconvertido como equipamiento cultural municipal y que ahora se ha sumado al 275 aniversario del nacimiento del genio de Fuendetodos, ya que acoge la interesante muestra El cómic y Goya.

Tras visitarla, podemos seguir remontando el Parque Pignatelli hacia Torrero. Todo el rato nos acompaña la pared grafiteada a un lado y el arbolado al otro. Hasta que por fin llegamos al final del parque y vemos cerca el volumen de la iglesia de San Antonio y un poco más allá se intuye el Canal Imperial atravesado por el Puente de América.

Pero antes de salir, hay que asomarse a la verja que tenemos a nuestra derecha, porque ese lugar está en plena fase de cambio. El primer cambio es que todo ese solar que guarda las huellas de los depósitos históricos se había convertido en una de las colonias felinas donde el ayuntamiento se cuida de la población gatuna de Zaragoza. Sin embargo, en fechas recientes se ha decidido desmantelar esa colonia de gatos.

Y es que este solar histórico va a cambiar su aspecto radicalmente. Ahí está prevista la construcción de más de 100 viviendas. Un cambio urbanístico que además incluye la ampliación de Parque Pignatelli. Obviamente, nunca está de más que un parque se haga más grande. Pero también sería deseable que en esta nueva extensión se plantee algún tipo de guiño visual, artístico o didáctico sobre la importancia histórica del lugar: el primer parque urbano zaragozano y el espacio donde se guardaba el agua que bebió la ciudad durante décadas y décadas.

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