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Os contamos como fue el encuentro digital con los responsables de ambientación de ‘Las Niñas’ organizado por Fundación Ibercaja

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Arantxa Ezquerro, directora de vestuario; Mónica Bernuy, directora de arte; Carmen Arbués, responsable de maquillaje y peluquería, y Rubén Martínez, coach de interpretación, de la película “Las niñas”, participaron ayer en la videoconferencia moderada por Ana Usieto, periodista de Heraldo de Aragón.

 

El encuentro digital fue organizado por Fundación Ibercaja con la colaboración de Heraldo de Aragón y se acompañó de la proyección de imágenes de la época que documentan la ambientación de los principales escenarios del largometraje.

“Las niñas”, además de la película triunfadora en los Goya de este año con cuatro galardones, ofrece un paseo por la Zaragoza de los años 90 especialmente nostálgico para muchos de los que vivieron su infancia y juventud en esa década. En la reconstrucción realista, pero también sentimental de aquellos años, es fundamental la labor de los equipos de arte, maquillaje, peluquería, vestuario y unas buenas localizaciones.

Con este motivo, Fundación Ibercaja reunió a los responsables de esa ambientación que explicaron todos los secretos del viaje en el tiempo que propone ‘Las niñas’, desde la música de “Héroes del Silencio”, las camas elásticas del Parque Pignatelli, las aulas del instituto Miguel Servet, la discoteca “Green” y numerosas localizaciones de la ciudad que llevan a profundizar en el callejero de Zaragoza.

Aunque reconocieron que los premios son siempre una sorpresa, los cuatro responsables de ambientación coincidieron en afirmar que desde el principio estuvieron seguros de que “Las niñas” iba a ser una cinta muy especial. “Cuándo lees un guión, sientes esa magia. Que era algo muy especial lo teníamos claro desde el principio”, dijo Mónica Bernuy. Carmen Arbués, zaragozana afincada en París, confesó que no fue solo rodar en su tierra lo que le hizo ilusión cuando Pilar Palomero la llamó para formar parte del equipo, sino que, sobre todo, el guión. “Me encantó. Yo sabía que era una película con mucho potencial, y en el rodaje lo vas viendo”.

Rubén Martínez aseguró que “notaba que estábamos haciendo una película especial, diferente. Todo el equipo técnico estaba volcado en las niñas. Todo el mundo estaba por la labor de que ellas estuvieran bien, frescas y libres. Esa manera de trabajar me hacía pensar que se hacía una película muy especial”. Arantxa Ezquerro recuerda que en el rodaje de algunas escenas “se te ponían os pelos de punta y te caía una lagrimita. Durante el rodaje hubo escenas que a todos nos llegaron”. “Formamos un gran equipo y eso se ve en la película”, dijo Ezquerro.

La directora de vestuario explicó que consiguieron ropa auténtica de los 90 y que, si bien las niñas iban de uniforme, la manera de llevar los calcetines, los complementos y los peinados marcaban la época de la película. También la responsable de maquillaje y peluquería señaló que “todo es muy sutil en las niñas y el colegio. Se veían los 90 en los peinados: la trenza nacida, los coleteros, las diademas… Con pequeños accesorios hacíamos esa identidad de los 90”.

La directora de arte explicó que “se cuidó mucho el cromatismo de la película. No hay estridencias. Era una apuesta estética conseguir que tuviera melancolía: los verdes del colegio, es opresivo y triste, excepto la escena en la discoteca. Todo muy austero y opresivo”. Las responsables de ambientación explicaron que el rojo desaparecía de la película para surgir solo en dos ocasiones: cuando van a ir a la discoteca y se pintan los labios, y al final, cuando Celia, la protagonista, lleva un coletero rojo en el colegio.

Bernuy, que no es de Zaragoza, dijo que sus compañeras de equipo le ayudaron “a entender la importancia de algunas cosas, como la Pilarica, por ejemplo”. En cuanto a los escenarios, Bernuy ha reconocido que fue Pilar Palomero la que propuso la mayoría de los escenarios: las camas elásticas o el callejón de la droga Alfonso.

El coach de interpretación contó que Palomero llevaba cuatro años investigando en la película y tenía claro lo que quería transmitir. Explicó que los ensayos eran juegos y que su trabajo consistió en “crear verdad y magia en los momentos dramáticos”. Para Rubén Martínez, “la amistad que se fue construyendo entre las niñas durante los ensayos de la película fue la clave para conseguirlo. Lo hacían con una pureza y una verdad que era maravilloso”.

 

Foto: @jorgefuembuena

 

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