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De Zaragoza a Berkeley: la científica Isabel Esain trabaja con la Nobel Jennifer Doudna para revolucionar la medicina genética

Isabel Esain

La investigadora zaragozana Isabel Esain desarrolla terapias con tecnología CRISPR en la Universidad de California, Berkeley, en el laboratorio de la Premio Nobel de Química Jennifer Doudna

De las aulas de Escolapios en Zaragoza a uno de los centros científicos más influyentes del mundo. La investigadora aragonesa Isabel Esain, especializada en cáncer e ingeniería genética, forma parte del equipo de la Premio Nobel Jennifer Doudna en la University of California, Berkeley, situada en el área de la bahía de San Francisco. Esta universidad está considerada uno de los grandes polos mundiales de innovación científica y tecnológica.

Tras doctorarse en la University of Cambridge y compaginar su formación científica con estudios universitarios de música en Londres, hoy trabaja en el epicentro mundial de la tecnología CRISPR, participando en investigaciones relacionadas con el desarrollo de terapias genéticas pioneras que ya están empezando a aplicarse en medicina.

Una aragonesa en el epicentro mundial de la investigación genética

Esta entrevista forma parte de “Como en casa”, una de las secciones habituales de Enjoy Zaragoza en la que contamos historias de aragoneses que viven y trabajan fuera de nuestra comunidad y que, desde distintos lugares del mundo, continúan manteniendo el vínculo con su tierra. En 2026, esta sección da un paso más con el proyecto «La vuelta al mundo desde Zaragoza«, con una serie de viajes internacionales para conocer a algunos de esos aragoneses que desarrollan su carrera en otros países. El primer destino de esta nueva etapa es California, en Estados Unidos, donde hemos viajado para descubrir varias de estas historias.

Por otro lado, la primera protagonista es la investigadora zaragozana Isabel Esain, que trabaja en Berkeley formando parte del equipo liderado por la Premio Nobel Jennifer Doudna en uno de los laboratorios más influyentes del mundo en investigación genética. Su entrevista abre esta serie de conversaciones que continuará próximamente con otros aragoneses que también han desarrollado su trayectoria profesional en California.

En esta conversación con Enjoy, Esain comparte cómo ha sido su trayectoria científica, su llegada a uno de los centros de investigación más prestigiosos del mundo y la relación que mantiene con Zaragoza y Aragón incluso desde la otra punta del planeta.

P. ¿Quién es Isabel Esain y cómo empieza tu camino fuera de Zaragoza?

Soy Isabel Esain, nacida en Zaragoza, aunque actualmente vivo en Berkeley, California. Mi trayectoria me ha llevado desde Aragón hasta algunos de los centros académicos más prestigiosos del mundo, siempre con la investigación científica como hilo conductor.

P. Eres investigadora en Estados Unidos. ¿A qué te dedicas actualmente?

Hace un año y medio terminé mi doctorado en la Universidad de Cambridge, en Inglaterra. Tras esa etapa, decidí mudarme a la Costa Oeste de Estados Unidos para continuar mi carrera científica.

Actualmente trabajo en la Universidad de California, Berkeley, donde realizo mi postdoctorado en investigación oncológica. Formo parte del equipo de la Dra. Jennifer Doudna, Premio Nobel de Química, una de las figuras más relevantes a nivel mundial en el ámbito de la ingeniería genética.

P. ¿Qué te motivó a estudiar ciencias?

Siempre he sido una persona muy curiosa. Desde pequeña me preguntaba el porqué de las cosas, y esa curiosidad fue clave para decidirme por una carrera científica.

Al mismo tiempo, la música ha sido una parte fundamental de mi vida. Cuando estaba terminando Bachillerato en el colegio Escolapios de Zaragoza, tenía claro que quería compaginar ambas vocaciones. Por eso me mudé a Londres, donde cursé estudios científicos en el Imperial College London y estudios musicales avanzados en el Royal College of Music. Viví allí casi una década antes de dar el salto a Estados Unidos.

P. ¿Cómo es el ambiente en el campus de Berkeley?

La universidad es un lugar vibrante. La biblioteca-librería es uno de los puntos neurálgicos del campus, donde cada día se reúnen cientos de estudiantes.

Lo que más me impresiona de Berkeley es la motivación colectiva por cambiar el mundo. Estamos muy cerca de Silicon Valley, cuna de empresas como Google o Facebook. Aunque el entorno tiene un aire tranquilo, casi de parque universitario, la realidad es que aquí se están desarrollando proyectos que marcarán el futuro.

P. El campanario de Berkeley es uno de sus símbolos. ¿Qué lo hace especial?

La torre campanario mide aproximadamente 94 metros, una altura similar a la de la Basílica del Pilar de Zaragoza. Existe una norma no escrita: no se construyen edificios más altos que esta torre en Berkeley. Desde lo alto se disfruta de una de las mejores vistas de la bahía de San Francisco. Se puede contemplar la ciudad, el Golden Gate y la conexión con el océano Pacífico.

P. ¿Qué figuras históricas han pasado por este campus?

Este campus ha sido hogar de algunas de las mentes más influyentes del último siglo. Justo enfrente se encuentra el Departamento de Física, conocido también por su aparición en la película Oppenheimer, ya que aquí se desarrollaron parte de los estudios que prepararon los trabajos nucleares de J. Robert Oppenheimer.

P. ¿Qué echas de menos de Aragón?

Aunque soy muy feliz en California, echo de menos el Pirineo, perderme por la montaña, esquiar con mi familia y mis amigos… y, por supuesto, disfrutar de un buen ternasco de Aragón.

P. Berkeley es clave en el desarrollo de CRISPR. ¿Qué ocurrió aquí?

En el Departamento de Biología Molecular de Berkeley se produjo uno de los descubrimientos más importantes de la ciencia reciente: el desarrollo de la tecnología CRISPR-Cas9.

Mi supervisora, la Dra. Jennifer Doudna, recibió el Premio Nobel de Química en 2020 por este hallazgo, que ha revolucionado la ingeniería genética y abierto la puerta al tratamiento de enfermedades hereditarias en todo el mundo. Además, fundó un instituto dentro de la universidad para continuar investigando y desarrollar nuevas terapias genéticas.

P. En 2025 viviste un momento especial como docente. ¿Cómo fue la experiencia?

Uno de los momentos más significativos fue enseñar en uno de los cursos más numerosos de la universidad: Biología Molecular. Impartí clase a 500 estudiantes, organicé el examen final y coordiné a diez doctorandos que me ayudaban en la gestión académica.

También tenía horas de tutoría semanales, donde atendía personalmente a los alumnos para resolver dudas. Fue una experiencia muy enriquecedora, tanto a nivel académico como humano.

P. ¿En qué proyectos estáis trabajando actualmente?

En este edificio se combinan tradición científica y tecnología puntera. Además de investigación genética, se desarrollan proyectos relacionados con robótica y sistemas autónomos. En la Bahía de San Francisco es habitual ver coches que se conducen solos, lo que refleja el ecosistema tecnológico en el que trabajamos.

En nuestro laboratorio abordamos desde el descubrimiento de nuevos mecanismos moleculares hasta el diseño de proteínas capaces de editar el genoma. También participamos en ensayos clínicos con pacientes.

Este año logramos algo histórico: salvar la vida de un bebé con una enfermedad genética gracias a la primera terapia CRISPR personalizada. Fue un esfuerzo conjunto de un equipo internacional de científicos.

P. ¿Qué supone para ti trabajar en uno de los centros más importantes del mundo en ingeniería genética?

Es un auténtico privilegio y un sueño cumplido. Tras finalizar mi tesis doctoral, que fue reconocida como la mejor tesis de la Universidad de Cambridge se me abrieron varias puertas, y poder incorporarme al laboratorio de una de las líderes mundiales en genética ha sido una oportunidad extraordinaria.

P. La Dra. Jennifer Doudna es una figura mundial. ¿Cómo es trabajar con ella?

Trabajamos en un entorno de máxima exigencia científica. La Dra. Jennifer Doudna recibió el Premio Nobel de Química en 2020 por el descubrimiento de CRISPR-Cas9, y su impacto en la ciencia contemporánea es incuestionable.

Trabajar con Jennifer es todo un privilegio. Es una de las científicas más influyentes del mundo en la actualidad y, al mismo tiempo, una persona muy cercana que apoya muchísimo a todos los miembros de su laboratorio. De hecho, el año pasado me invitó a acompañarla a presentar en una conferencia en la costa Este, en Washington D.C., y asistimos juntas.

La planta baja del edificio está repleta de premios y reconocimientos que ha recibido a lo largo de su carrera. Son tantos que, literalmente, no siempre caben en las vitrinas.

P. Desde un punto de vista técnico, ¿cuál es el mayor reto actual en la aplicación clínica de la tecnología CRISPR?

Desde mi punto de vista, uno de los mayores retos es su implementación en enfermedades genéticas complejas, como el cáncer. El poder de CRISPR reside en que podemos programar y dirigir unas “tijeras moleculares” a regiones específicas del genoma.

Actualmente, se está utilizando para tratar enfermedades monogénicas, causadas por una única mutación. Sin embargo, en patologías más complejas, donde intervienen múltiples mutaciones y alteraciones genéticas, es necesario adaptar y perfeccionar la tecnología CRISPR para poder abordar esa complejidad.

P. ⁠¿Qué diferencias existen entre la investigación básica en ingeniería genética y el momento en que una terapia llega a pacientes?

La investigación básica en ingeniería genética se centra en entender los mecanismos fundamentales: cómo funcionan las herramientas moleculares, cómo interactúan con el genoma y cómo podemos mejorarlas en términos de precisión, eficiencia y seguridad. Es una etapa muy controlada, que suele desarrollarse en el laboratorio y en modelos celulares o animales.

En cambio, cuando una terapia llega a pacientes, el proceso es mucho más complejo y regulado. Además de demostrar eficacia, es imprescindible garantizar su seguridad a largo plazo, cumplir estrictos requisitos regulatorios y validar los resultados en ensayos clínicos. La transición desde el laboratorio hasta la clínica requiere años de investigación, colaboración multidisciplinar y una evaluación exhaustiva de riesgos y beneficios.

P. En el caso de la terapia personalizada que logró salvar la vida de un bebé este año, ¿qué pasos científicos fueron clave para que pudiera desarrollarse en tiempo récord?

En el caso de Baby KJ, uno de los factores clave fue la identificación rápida de la mutación mediante secuenciación genética y la posibilidad de diseñar una herramienta CRISPR específica en muy poco tiempo. Este trabajo se desarrolló desde el Innovative Genomics Institute, donde yo trabajo, y fue posible gracias a años de investigación previa en edición genética y al uso de plataformas ya optimizadas. La coordinación estrecha entre científicos, médicos y autoridades reguladoras permitió avanzar con rapidez sin comprometer la seguridad.

P. ⁠¿Qué límites éticos y regulatorios condicionan actualmente el avance de la edición genética?

Actualmente, los principales límites éticos y regulatorios se centran en garantizar la seguridad y el uso responsable de la tecnología. Cualquier terapia debe demostrar eficacia y un perfil de seguridad sólido antes de aplicarse en pacientes, bajo estricta supervisión regulatoria. Esto no significa frenar la innovación, sino que destaca la importancia de la regulación para avanzar de manera segura.

En Estados Unidos, trabajamos mano a mano con policy makers y con la FDA (Federal Drug Agency) para asegurar que las decisiones reflejen la evidencia científica. Previamente, en Inglaterra, representé a la Genetics Society UK en el Parlamento británico para tratar temas éticos, acercando a los científicos a los responsables de la política pública y contribuyendo a decisiones importantes.

P. ⁠¿Cómo imaginas la medicina dentro de 10 o 15 años gracias a los avances que se están desarrollando en tu laboratorio?

Dentro de 10 o 15 años, imagino una medicina cada vez más personalizada, con diagnósticos de precisión que permitan identificar rápidamente la enfermedad y aplicar tratamientos adaptados a cada paciente. Esto incluye terapias de precisión diseñadas para actuar sobre alteraciones genéticas específicas. Ese es precisamente el tipo de enfoque que intentó impulsar desde el instituto que estoy en proceso de crear en Aragón, para acercar la ciencia a los pacientes y facilitar la toma de decisiones clínicas por parte del personal médico.

P. Para terminar, ¿qué significado tiene traer la Cinta de la Virgen del Pilar a tu laboratorio?

En mi mesa de trabajo he colocado la cinta de la Virgen del Pilar, que me acompañará de forma permanente en esta etapa. Es una manera simbólica de mantener mi vínculo con Zaragoza y con mis raíces, incluso estando a miles de kilómetros de casa.

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