close

Inteligencia emocional para el día a día: ¿Somos exigentes?

exigentes
Autora: Estela Millán

¿Por qué somos tan exigentes con nosotros mismos y con los demás?

Llegamos a un punto de nuestra vida donde el nivel de exigencia se apodera de la calma y la tranquilidad en todo lo que hacemos a diario.

Ser exigente no es malo del todo, ser extremadamente exigente sí, porque te limita y limita tu relación con los demás.

Que seamos exigentes nos puede llevar a ser mejores en lo que emprendemos. Sin embargo, si no sabemos medir esa exigencia, acabamos frustrados, o bien abandonamos o bien seguimos hasta que quede ‘perfecto’, y eso claro, no llega nunca.

El nivel de exigencia que tenemos con nosotros mismos lo trasladamos a nuestra relación de pareja, familiar, laboral o personal, creando cierta insatisfacción en todo lo que hacemos y desgastándonos a diario más de lo que deberíamos.

Una persona exigente nunca está contenta con lo que hace o hace su entorno. Siempre aparece el pensamiento de que debería haberlo hecho mejor. Aprender a controlar el nivel de exigencia con uno mismo, nos ayudará a controlar el nivel de exigencia que tenemos en las relaciones más cercanas.

Si eres del club de los exigentes te habrás fijado que siempre se acaba frustrado y trasladamos este sentir a personas que queremos mucho, hijos, pareja, amigos, padres o cualquier relación laboral que tengamos. Imagina si eres un jefe exigente, nadie será lo suficientemente bueno para hacer las cosas como corresponde.

Cuando la exigencia se vuelve nuestro motor en la vida, ya puede la tranquilidad irse de vacaciones por un tiempo, porque no le vamos a dejar espacio alguno. Una persona autoexigente descansa poco, una persona que exige en la misma medida a los demás, acaba amargando la vida a los demás. Si además eres una persona influyente emocionalmente, observa que la gente acabará relacionándose contigo con ciertos miedos a no ser suficiente, a no estar a la altura o seguro tienen la sensación de que hagan lo que hagan no va a estar bien. Esto realmente, es triste.

Una de las tareas más difíciles como puedes observar es, buscar la medida justa en el nivel de exigencia y eso lo marcan los sensores internos que todos tenemos.

Hay una especie de alerta que nos dice que nos estamos pasando, pero muchas veces ni la vemos ni la oímos. Somos ciertamente cabezotas a la hora de reconocer que nos pasamos, seguro sin darnos cuenta.

Cuando inicias un proyecto por ejemplo, ser exigente te va a llevar a identificar ciertas habilidades o destrezas que tienes y que hasta ahora no habías tenido la oportunidad de conocer. Eso sí, en algún momento debes frenar para no pasarte al otro extremo y agobiarte y agobiar al mundo con tus constantes críticas.

Nadie es perfecto, ¿lo sabías?, ni siquiera tú.

Reconocer la propia imperfección es bonito y alivia, porque aunque queramos mejorar cada día como personas, aprendemos a ser más tolerantes y flexibles con uno mismo y con los demás.

Si eres demasiado exigente, internamente seguro vas a sentir vacío y soledad. Y también esa sensación de que nadie te entiende, cuando tal vez eres tú quien tiene que entender a los demás.

¿No te parece curioso que nada ni nadie sea lo suficientemente bueno para merecer tus halagos?
¿No te parece curioso que siempre destaques lo negativo de la otra persona?
¿No te parece curioso que la crítica sea tu forma de relacionarte con los demás?
¿No te parece curioso que todo esto lo empieces en ti mismo?

Como sí que resulta curioso e imagino que no te gusta demasiado, ¿por qué no haces un intento de relajarte un poquito?

exigentes-03

Date cuenta de que casi con toda seguridad no es algo que se haga de manera consciente, es decir, no quieres hacer daño a los demás, eso es seguro. Pero, el daño duele igual sea consciente o no.

Entiendo que hay situaciones que no sabemos cómo manejarlas por complicadas en sí mismas pero, ¿por qué no tomas la opción de relajarte y dejar que las cosas fluyan sin querer tener todo controlado las 24 horas del día?, sí, sí, las 24, hay gente que no desconecta ni cuando duerme, siempre alerta.

No se puede vivir con tanta tensión, queriendo tener todo controlado. Hay cosas que dependen de uno mismo, vale, pero querer controlar lo que no depende de ti, no es que tenga mucho sentido.

Vivir la vida con esta frustración hace que no disfrutemos de lo que deberíamos disfrutar, que no valoremos lo que deberíamos valorar y de que discutamos cuando deberíamos simplemente hablar.

Aprender a disfrutar de los pequeños avances, dejar a tu gente que haga lo que cree que tiene que hacer de la manera que cree que tiene que hacerlo, permitir el error, no machacarse con ello constantemente.

Aprender también a discernir lo que sí, lo que no, lo que nunca… lo que a veces, es darle un poco de respiro al mundo, es dar un respiro a tu mente, dar un respiro a tu tensión diaria, darte un respiro, aunque solo sean 5 minutos al día.

Hoy podías proponerte abandonar la crítica, hacia ti y hacia los demás. Ser más comprensivos y compasivos. La exigencia mata momentos bonitos, claro que siempre podrían hacerse mejor las cosas, pero si vives así, ¿cuándo disfrutas?

Habrás comprobado si tienes hijos que con ellos no solo somos exigentes sino que además les generamos cierto miedo a no estar a la altura de lo que creen que esperamos de ellos. Pobrecitos, a veces les cargamos una mochila emocional que no les corresponde llevarla.

exigentes-02

Con la pareja sucede lo mismo, siempre podría hacer más de lo que hace. Sí, lo entiendo, pero cada uno hace lo que puede. ¿A ti te exigen los demás con la misma intensidad?

¿Por qué no haces una pequeña reflexión sobre tu nivel de exigencia y sobre lo que te exigen a ti?

¿En qué lado está la balanza desequilibrada?

Trabaja sobre ello, si depende de ti, hazlo sin exigencia ni presión. Si no depende de ti, habla claro, con cariño y respeto. Recuerda, di las cosas cuando te molestan, no cuando te superan, la forma de decirla será muy diferente.

Desde el sentido común me sale decirte que la exigencia es hermana del perfeccionismo y por tanto, el nivel de estrés que aparece en todas las personas que viven la vida así, creo sinceramente, que no compensa.

Trabaja en ti mismo desde la conciencia, trabaja en ti para mejorar lo que te impide disfrutar tu vida cotidiana. Deja de posponer este tipo de decisiones. La vida sigue pasando, nosotros tenemos que aprender a disfrutar más y a quejarnos menos.

http://estelamillan.es/

Estela Millán

 

Tags : exigenciainteligencia emocionalperfección

Leave a Response

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.