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Inteligencia Emocional para el día a día: El apego.

el apego
Autora: Estela Millán

El apego causa más dolor del que podemos imaginar.

Las personas sufrimos constantemente por apegos, el amor lo tenemos mal interpretado y creemos que hay que entregarse ciegamente a otra persona sin pensar en las consecuencias.

Los apegos generan dependencias entonces, no puedo ser muy sano. Lo que se recibe a cambio nunca es suficiente, generamos falsas expectativas que nos llevan al dolor y al sufrimiento constante

Cuando nos relacionamos con los demás no medimos, o somos fríos y distantes o todo lo contrario, no logramos encontrar un punto medio para tener relaciones más sanas y placenteras. A veces generamos malestar por tonterías de las que no somos ni siquiera conscientes pero que a la otra persona acaba agotando.

el apego

El apego nos limita a sentir únicamente hacia esa persona, objeto o animal por la que sentimos tal ‘obsesión’ porque llegamos a creer que sin ello no podemos vivir. Y sí se puede, claro que se puede, pero nuestra mente, si la dejamos libre, nos lleva al abismo de todas emociones, montándonos espectaculares películas que solo existen ahí, en nuestra mente.

A veces no somos conscientes de este tipo de pensamientos o emociones, a veces sucede que un día te levantas y dices, ‘esto no lo quiero más’ y comienzas a observar tu actitud ante tus emociones y ante las emociones de los demás. A veces, solo a veces, tenemos un comportamiento patético con el otro, lo que genera todavía más distancia y por tanto conflicto.

El silencio nos regala las palabras adecuadas, frase que pertenece al cuaderno ‘La vida es hoy’, cuando hay un conflicto en nuestro entorno tenemos dos opciones, decir lo primero que nos viene a la cabeza en forma de impulso, o bien, respirar, reflexionar y entonces decirlo con otro tono, de otra manera más amable.

Si no cuidamos nuestros pensamientos y nuestras palabras, estropeamos situaciones que con muy poquita intención se arreglarían sin más.

Perdemos mucho tiempo y energía en situaciones que solo giran sobre sí mismas, esto nos desgasta y nos impide disfrutar de todo lo demás.

Invertir demasiado tiempo y energía en algo que a veces no tiene solución, sinceramente, no es muy sano para nosotros, ni para los demás.

Debería llegar un momento en la vida en que nuestra prioridad fuera estar tranquilos, es más que necesario afrontar todos los retos desde la calma. Y esto solo podemos lograrlo desde esa comprensión que nos falta sobre nuestro mundo emocional.

Según Walter Riso, el apego es un vínculo obsesivo con un objeto, idea o persona que se fundamenta en cuatro creencias falsas: que es permanente, que te va a hacer feliz, que te va a dar seguridad total y que dará sentido a tu vida.

El apego te lleva a una dependencia de la otra persona que generalmente acaba rompiendo la confianza y hasta la alegría.

Esto limita tu capacidad para otros temas porque tu mente solo está con la atención en el otro, esto no puede mantenerse por mucho tiempo, la inversión emocional es inmensa para lo que se acaba recibiendo, la otra persona acaba siendo víctima de un acoso desmedido. Hoy las nuevas tecnologías, además, permiten tener un control exhaustivo de nuestros movimientos, lo que acaba alimentando esa obsesión, apego o dependencia, llámalo como más te guste y no haces otra cosa en el día que ‘vigilar’ a la otra persona. Es un calvario para todos

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La teoría como siempre está muy bien, pero, ¿cómo solucionamos situaciones que son más habituales de lo que creemos?

El primer paso es darse cuenta porque si no eres consciente de ello no hay nada para solucionar. Una vez que te das cuenta tienes un recorrido grande hecho, pero no es la solución, el hábito es tan grande que aparece constantemente en nuestra mente y nuestras acciones.

Las personas autosuficientes y que no dependen emocionalmente de nadie, son mucho más equilibradas y estables que los que no manejan esto así.

Esto ya de por sí libera, libera de ataduras que, o bien nos ponemos o bien nos ponen. Amar es confiar y comprender, amar sobre todo es acompañar con paciencia, amabilidad y respeto. Cuando algo de esto se pierde, nos ponemos a justificar lo injustificable. No todo vale en el amor o la amistad, hay valores que no pueden perderse ni un solo momento, todos nos equivocamos claro, pero si se convierte en un hábito y cada día hay una excusa para hablar mal, para humillar o para faltar el respeto, vamos mal. Revisa la relación que tienes contigo, revisa con calma la relación que tienes con los demás. Qué nivel de dependencia o de apego tienes con cada una, y valora enormemente aquellas relaciones donde no hay reproches ni ataduras. Amar nos hace ser mejores, amar no es sufrir constantemente por tonterías, amar y ser amado es una de las sensaciones más placenteras que la vida nos regala, pero si pasas más tiempo amargado que alegre, algo falla.

No te conformes, las diferencias con respeto y comunicación nos hacen crecer, las diferencias con reproches y con faltas de respeto o malas palabras no son sanas, y el apego no nos deja verlo, creemos que es algo normal.

Por favor, busca tu equilibrio interno desde la tranquilidad, busca esa calma que anhelas aunque sea paseando en soledad. Respira y disfruta de momentos donde nada perturbe tu silencio, así volverás al mundanal ruido preparado para una nueva experiencia, esta vez, más estable por dentro…

Esta semana te propongo que busques momentos para ti, de nuevo, 5-10 minutos, en los que hagas una reflexión de con qué personas tienes posibles dependencias emocionales o apegos y esto no te permite avanzar en tu crecimiento personal.

Estela Millán

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